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viernes, 24 de diciembre de 2010

Nuestro concierto de ayer


Ayer fue un día de emociones intensas. Hm, me ha resultado una frase algo tópica, pero cuando el tópico responde a la verdad... Por la mañana estuvimos ensayando dos horas y media en el auditorio; los primeros treinta minutos viendo cuestiones de colocación y organizando nuestra salida al escenario. Aun así dio tiempo de repasar todo el programa menos la segunda parte del "Laudate pueri dominum" de Mendelssohn, que se revisó por la tarde porque faltaba una de las solistas.
A las seis, es decir, una hora antes del concierto, ya estábamos convocados pero dio tiempo a poco porque se nos avisó en el último momento de la retirada de uno de los coros del encuentro: el director había tenido un hijo aquella mañana (Puer natus in Granada). Ambos conjuntos participantes tuvimos que estirar el programa: nosotros añadimos una pieza navideña holandesa y otra granadina armonizada por Juan Alfonso García.



El primer coro era de personas mayores y entonó villancicos populares; nosotros no pudimos verlo, obviamente: mientras actuaba nos dedicamos a vocalizar y a perfilar los últimos detalles. "Rrrrío, rrrrío, rrrrrío, bella rrrosa purpuriiia [¡ay, qué sequedad de garganta; y al concierto no voy a poder llevar la botella de agua], dinonnn danonnnn dinonnnn danonnnn [¿me dará tiempo de ir al baño?], rrrío rrrío rrrío rrrío [¡madre mía, un La agudo! Si hago eso ahora me destrozo la voz justo antes del concierto]".
¡Por fin! La fanfarria de don Manuel anuncia nuestra inminente aparición. Ya salimos cantando una pieza en hebreo que el coro podría adoptar como himno, pues suele acompañar frecuentemente sus inicios. El efecto de la entrada no pudo apreciarse bien porque el público, en lugar de esperar al director, aplaudió desde que empezamos a salir. Es bueno llegar cantando, templa los nervios.
El concierto salió mucho mejor de lo que yo esperaba. Mi atención tiene que triplicarse porque, obviamente, no veo los gestos del director. Los inicios son fáciles, me guío por la respiración de los compañeros. En cuanto a la dinámica, como la hemos trabajado en los ensayos... No recordé sin embargo que dijimos que íbamos a acortar el fortísimo "Halleluja" de "Am Neujahrstage" y mi voz se quedó resonando sola, pero callé rápidamente. En la tercera estrofa del Coventry Carol hubo un problema general, no sé a qué pudo deberse; yo estaba pendiente del dibujo del arpa para ir sobre seguro, pero en mi posición apenas la oía... ¡Si incluso me costaba distinguir la línea de las mezzos! Y la de las altos, no digamos. ¡Oh, qué bien lo hizo Ceterni Fernández, la joven arpista! ¡Enhorabuena!

Curiosamente, la garganta no se me resintió y además no estaba nerviosa en absoluto, lo que me permitió disfrutar del canto. Dicen mis padres que no paré de mover la mano marcando el ritmo y que me giraba hacia el lado: ¡Uf, ni me di cuenta! Temían que en algún momento me volviese de espaldas. ¡Y yo sin advertirlo! Llevaba el Braille Lite (un anotador pequeño con línea braille) más que nada por seguridad; bueno, sí: me fue necesario en el texto de "this little babe". Las demás piezas las sabía de memoria, pero en algunas quería ir revisando la partitura y en otras el texto; como es obvio, los ciegos no podemos leer ambas líneas simultáneamente.
La ovación fue grande y al final cantamos ambos coros el "Noche de paz". Tuve que memorizar la letra en español en el último instante, pues no estaba previsto... Sí, hijos: yo me sé este villancico en su idioma original, "Stille Nacht, heilige Nacht"... Cuando lo canto en otro me suena a impostura y no me gusta tanto... ¡Eso que hay traducciones y versiones como para que me haya habituado! Pero nada: yo quiero interpretaciones próximas a la original de Gruber, con ese aire salzburgués... Ésta, por ejemplo.
Palomares, el director, nos dio a continuación un discurso muy emotivo. Dijo que reflexionáramos sobre nuestras quejas por el excesivo trabajo y el estrés que implica la preparación de eventos como éste, pero que con ello nos brindaba una oportunidad tal vez única y que, si iban a ser maestros, tenían que plantearse retos de esa clase porque el futuro de la música está en las escuelas y en sus manos; si no luchan, todo está perdido... Nos agradeció el esfuerzo y nos pidió que aspiráramos siempre a algo mejor, pues incluso los coros profesionales han de superarse día a día: "la música nunca está hecha". Y luego concluyó diciendo que ya no iba a dar más conciertos con el Coro de la Facultad de Ciencias de la Educación. ¿Cómo? ¡Con lo que me había ayudado la experiencia! Ahora que acabo de empezar lo deja... Afloraron lágrimas a mis ojos. Todo ocurrió en unos pocos segundos, una cadencia suspensiva del habla que, afortunadamente, tuvo final feliz: "[...] en este año". Un suspiro de alivio y un "Aaaaaaah" salió de todas las bocas y después aplaudimos con ganas. "No os vayáis, que quiero despedirme de vosotros uno a uno". ¡Qué hombre tan humano! ¡Cuánta pasión, cuánto amor pone en lo que hace! ¡Cómo aprecia a sus alumnos! En clase nunca se enfada, aunque tenga motivos sobrados para ello: falta de atención, de estudio, etc. Echa la bronca en el mismo tono que emplea para indicarnos que vayamos al primer compás del segundo sistema... ¡Y se gana el respeto de todos! "Cuando estéis en clase con los niños, no gritéis que os infantilizáis" -comentó en una ocasión. ¡Ay, hijo mío! Si yo me callase esperando que esa actitud produjera silencio en mis alumnos, se pasaría la hora y ellos, tan felices con su cháchara sin interrupciones del plasta del profe. De hecho, ya me ha sucedido varias veces. Igual en la primaria se puede controlar eso mejor, se los puede llevar al orden más fácilmente que en los niveles a los que yo imparto... ¡Señor Palomares, asesóreme! Quisiera ser como él: siempre paciente, siempre sonriente... ¡Gracias, muchas gracias por transmitir tu amor por la música y el canto coral a generaciones de jóvenes!
Os deseo a todos unas muy felices fiestas.

martes, 21 de diciembre de 2010

Tres veces en el Falla


En menos de una semana voy a acudir tres veces al Auditorio Manuel de Falla, ¡y la tercera como una de las cantoras! Sí, parece increíble. Como sabe quien me conozca o quien haya leído mi otro blog y partes de éste, adoro el canto coral. Aquí en Granada he estado en un coro amateur, pero se disolvió; este año llevaba ya tiempo queriendo formar parte de uno, y me recomendaron el de la Facultad de Ciencias de la Educación. Asistí pues a un ensayo a comienzos de noviembre, en principio iba a estar de oyente hasta que diesen el nuevo repertorio en enero; pero como conocía o sabía parte de lo que cantaban, o si no lo aprendía rápidamente, me integré sin problemas. El 23 habrá en el Falla un encuentro coral de tres agrupaciones, con música relativa a la Navidad. La segunda parte es entera nuestra y en el programa hay mucho para voces blancas (piezas originariamente escritas para niños que aquí haremos las mujeres), como dos fragmentos de "A Ceremony of Carols" de Britten, "Veni Domine" y "Laudate pueri dominum" de Mendelssohn, "Dancing day" de Routter...
¡Oh, qué terapéutico es el canto coral! Este trimestre he atravesado una mala racha; un periodo de vacío, abulia y TAEDIUM VITAE. Digamos que me faltaban alicientes, asideros, metas... Desde que me integré en el coro empezó a operarse un paulatino cambio y ahora puede decirse que he vuelto a ser moderadamente feliz. La felicidad suprema es un bien cada vez más escaso a medida que uno va creciendo, tal vez porque ganamos en madurez y conciencia de lo que nos rodea. Dicen que los tontos son muy dichosos... Cierto: ahora esa plenitud, esa satisfacción con la vida y lo que nos ha tocado en suerte hemos de ganárnosla a pulso; no nos viene dada: hay que buscarla, reconocerla, aprehenderla... Pero estaba hablando del coro. Cuando uno atraviesa periodos de desánimo, la audición pasiva de música sirve de poco porque, por muy bella que ésta sea, parece no penetrar dentro de nosotros, no hablar nuestro mismo lenguaje. En cambio, una implicación activa nos sumerge en la obra, nos hace sentir parte de ella y, al requerir más concentración, nos permite aparcar los pensamientos negativos y las inútiles obsesiones recurrentes.
Es de rigor que exprese mi más sincero agradecimiento a José Palomares Moral, director de este coro y gran maestro y educador. ¡Cuántos como él hacen falta en este cada vez más insulso, frívolo y amusical mundo! Me duele que haya personas inmunes a su entusiasmo y que no sepan apreciar sus enseñanzas... O igual sí, aunque ahora no sean conscientes; la semilla está sembrada.
Mi primera visita al auditorio fue el pasado sábado, para ver 4 Cantatas del magnífico Oratorio de Navidad de Bach interpretadas por la Orquesta Ciudad de Granada y su coro. Ambas formaciones nos tienen acostumbrados a una gran calidad y no me han defraudado tampoco ahora. No comparto algunas cuestiones estilísticas como la ralentización tan grande de los tempi en los finales, más propia de visiones romanticonas del Barroco. También prefiero que las diversas frases que integran los corales luteranos vayan unidas y no cortadas con esas pausas tan grandes, si acaso a veces un pequeño ritenuto... Los solistas en general bien, aunque el tenor defendió mejor las arias que los recitativos del evangelista. Salió airoso del "Frohe Hirten" de la 2. Imagino que todo tenor que haya de afrontarla proferirá algunos improperios al espíritu del pobre Bach. El gran Kantor trataba a las voces como instrumentos y a veces les imponía unos pasajes tiránicos. ¿Qué tal llevarían aquello los pobres chicos de la Thomasschule?
A la contralto se la comía un poco la orquesta. Tenía buen timbre, pero andaba regular de potencia.
Mi segunda visita al Falla ha tenido lugar esta noche: se anunciaba el Mesías de Händel con el coro de niños checo Boni Pueri. Sin embargo, los pequeños cantores no han podido acudir por algún tipo de rencillas entre el director del coro y el del conjunto instrumental, en este caso Musica Bohemica. Al final han venido coro y orquesta de Musica Bohemica y han interpretado sólo unos números del oratorio haendeliano. Aunque hagan unaselección, no veo bien que cercenen partes que van unidas, como el aria con coro "O thou that tellest good tidings to Zion"; la parte coral la obviaron. Lo mismo ocurrió con el aria de bajo "Why do the nations so furiously rage", el coro de después desapareció; y a mí que me lo pide el cuerpo... En cuanto al aria "The trumpet shall sound", no hicieron la parte central y consecuentemente tampoco el da capo final. Los solistas no me convencieron en absoluto: la contralto no impostaba bien la voz y los graves le quedaban deprimentes; la soprano, entre otras cosas, tuvo serios problemas en el aria "rejoyce greatly", no sólo con la coloratura, sino con el tempo: supongo que los nervios la llevaban a correr; el timbre del tenor tampoco me llenó y el bajo... En el "Why do the nations" sonaba hueco e inexpresivo y en el "The trumpet shall sound" inventaba el inglés; igual en otras también, pero como aquí conozco todo el texto pude apreciarlo. Además no atendían a la ornamentación barroca; cuando adornaban algo, resultaba poco apropiado o insulso. Hubo partes que transmitían una impresión de estrés, como el "Alleluia"; otras resultaban demasiado mecanizadas. En general, parece que estos señores no viven la obra, no la sienten o al menos no transmiten esa emoción que deberían experimentar al ejecutarla.
Al comienzo hubo gente que estaba dispuesta a aplaudir tras cada número; luego se dieron cuenta de que "hasta el final no es", pero claro: ¿cómo averiguar cuándo llega el final? Después del poco convincente y dudosamente exultante Alleluia hubo aplausos; se entiende por el significado y porque concluye la segunda parte, aunque ellos no lo sepan. ¿Pero y el que se produjo en el "For ever and ever", justo antes del Amén? ¿Quién puede creer que esa cadencia es una conclusión? Desde luego, alguien que oye la música como quien oye llover, pues si no no se explica.
La ovación final no fue muy larga, no dio tiempo porque enseguida salieron orquesta y coro para ofrecernos el "Adeste Fideles" con canto del público incluido. Luego el director nos felicitó la Navidad en español y yo lamenté no saber dar las gracias en checo.
Relataré cómo se da nuestro concierto el jueves.

sábado, 30 de octubre de 2010

Documental sobre Savall

Se emitió en la 2 y se centra en la grabación de un nuevo disco con música en el entorno de los Borgia.
 

lunes, 4 de octubre de 2010

¡Otra sorpresa musical en Osuna!


Ya me avisó Becky, de Acfea. Ayer dieron un concierto en mi pueblo el coro y la orquesta de cámara de la MLC school, un colegio metodista para niñas de Sidney en el que la música representa parte importantísima de sus enseñanzas, como pudimos comprobar: ¡qué nivel el de ambas formaciones! Exceptuando el Concerto Grosso Op. 6 de Händel, las obras que nos ofrecieron fueron compuestas por profesores del colegio.
Destaco el empaste del coro, que me recordó mucho a Anima con la salvedad de que el de la MLC está únicamente constituido por voces femeninas. Fueron muy interesantes las piezas vocales interpretadas. A mí me encantaron el Jubilate Deo de Xabier Sarasola y el Rainchant de Paul Stanhope, con imitación de gotas de lluvia incluida. En cuanto a las piezas instrumentales, me impresionaron el solo de violín y el de cello. ¡Madre mía, qué bien tocaban las niñas! La violinista expresó un gran sentimiento al interpretar la compleja pieza, abundante en armónicos, y la violoncellista hizo gala de un enorme virtuosismo. También es digno de mención el concierto para contrabajo de James Humberstone: ¡rara vez he escuchado a este instrumento actuando como solista!
El grupo está ahora de gira por España, os proporciono toda la información porque merece la pena. Os recomiendo que asistáis, si os es posible.
Las integrantes del coro y la orquesta de cámara de la MLC constituyen otro ejemplo de cuán beneficioso es dedicarse a la música desde niño y de cómo se logran resultados espectaculares con una buena educación. Congratulations, girls, and have a good stay in Spain!

MLC School Choir and Orchestra en España.
Concerto Grosso Op 6 Händel

This is my Home - Katy Abbott

Song of Life - Matthew Hindson

Enyato and Ecstatic Dance - Ross Edwards.

Miniature Concerto for Double Bass - James Humberstone

Morning Star - Paul Stanhope

Jubilate Deo - Xabier Sarasola

After Night - Peter Sculthorpe

Sacred Intermezzo - Ross Edwards

Rainchant - Paul Stanhope

Sat Sep 25 BARCELONA
7:00 pm Mass participation in Barcelona Cathedral
8:00 pm Concert in Barcelona Cathedral


Wed Sep 29 GRANADA
8:00 pm Concert in Granada Cathedral


Sun Oct 3 CORDOBA
12:30 pm Concert in La Colegiata


Thu Oct 7 TOLEDO
8:00 pm Concert in Convento de Santa Ursula


Sat Oct 9 EL ESCORIAL
6:30 pm Carillon recital
7:00 pm Mass participation followed by
Concert in Real Monasterio San Lorenzo de Escorial


Sun Oct 10 MADRID
12 noon Mass participation in Madrid Cathedral


Tue Oct 12 BURGOS
1:30 pm Mass participation
8:30 pm Concert in Capilla Santa Tecla in Burgos Cathedral


Wed Oct 13 SAN SEBASTIAN
8:30 pm Concert in Buen Pastor Cathedral


http://www.spain.embassy.gov.au/madrcastellano/events.html

viernes, 30 de julio de 2010

Buenas fotos de viajes

MI padre ha colgado en Panoramio gran cantidad de fotos que quizás puedan interesaros. Hay muchas de nuestros viajes, otras se efectuaron por aquí cerca... En fin, gran variedad. Os paso el enlace:
 

jueves, 29 de julio de 2010

Crónicas austroalemanas









Ya he vuelto del primer viaje, a mi pesar. Sabéis cuán grande es el amor que profeso a estos países, cómo adoro la Naturaleza, los bosques, los lagos... Ahora, al calor y la aridez de mi pueblo, me faltan los baños en aquellas frescas, cristalinas aguas; la umbría de majestuosas hayas con raíces forradas de musgo y hojas de encajes; los paseos por aquellos paisajes de ensueño; y, cómo no, la gente, tan amable, tan educada y siempre dispuesta a ayudar, a regalarte su sonrisa y obsequiarte con su exquisita cortesía. Sé que mi meta es Alemania, y sobre todo Baviera: he de mudarme allí definitivamente. ¿Cómo, cuándo? Ni idea, pero aquellos lugares me llaman. La primera vez que tomé contacto con ellos me sorprendí ante la materialización de un sueño: el mundo que buscaba, mi utopía estaba allí. ¿Cómo no me había percatado antes de su existencia?
Hallstatt es preciosa, y nuestro hotel se encontraba en un sitio privilegiado, miradlo. Llegamos a las once y veinte de la noche y no se escuchaba un alma. Nuestra habitación daba a la cascada, así que dormíamos con el apacible ruido del agua. Por la ventana se colaban las hojas de un arce.
Nuestra primera estación fueron las minas de sal. ¡Qué divertidos los toboganes! ¡Y qué fresquito allí dentro! Porque ese día hizo calor; nos cogió la ola. Recibí de regalo una gran piedra de sal y un salerito pequeño.
Después de comer me bañé en el lago: ¡qué maravilla! Lamento vivir en un sitio donde no haya estas cosas, porque la playa no me gusta mucho: sal, arena, paliza de calor... En cambio un baño en las aguas refrescantes de lagos de montaña es lo más hermoso que existe; además sale una nueva, revitalizada.
Otro día, otro lago: el de Gosau. Es más alto, más natural y estábamos más encajonados. Encontramos un sitio perfecto, idílico para bañarnos, y además estábamos solos. Permanecí en el agua largos ratos.
¿Qué lago tocó la siguiente jornada? ¡El Traunsee! Eso fue después de subir al mirador de los cinco dedos. Luego nos pasamos por el castillo que hay cerca de Gmunden y tomamos un café en una terraza con el lago allí, oyendo los patos. Después comimos en Bad Ischl. También hizo bochornillo.
Siguiente estación: el lago de St. Wolfgang, el último del Salzkammergut que disfruté. Me quedan otros 66, así que tengo que volver varias veces para apurarlos todos. Por la tarde, regresando, empezó a llover y la tormenta duró bastante. La cascada de nuestra ventana iba crecidísima.
Día 18: viaje a Viena. Esa ciudad tiene gran significado para mí, porque fue la consecuencia última de que aprendiese alemán. Yo quería hacerlo desde que era pequeña; por la música, por Mozart y Bach; pero en 2003 tomé la determinación cuando mi tía me comunicó que al mes siguiente iríamos ambas una semana a Austria. No necesitábamos usar el idioma porque viajábamos en grupo, pero yo decidí que ya había llegado la hora, que quería comunicarme con la gente. Pedí a la ONCE la única Gramática con enunciados en español, que resultó ser de 1944, y me puse con ahínco a copiar todo lo interesante, pues tenía que devolverla. Contaba con un mes de plazo, así que no hice otra cosa; hasta tal punto que llegué a soñar en alemán. Fue hermoso que la primera persona que me hablara en este idioma lo hiciera para ofrecerme propaganda de un concierto de música clásica, uno de estos señores vestidos de Mozart que andan por el Hofburg. Lo entendí todo, ante el asombro de mi tía, y eso me dio confianza. A lo largo de la semana vi que mi esfuerzo había dado sus frutos. Además estaba conociendo un mundo nuevo, la materialización de mis anhelos y fantasías. Por amor a él estudié su idioma con más ahínco. ¡Cómo me ha cambiado la vida! ¿Quién iba a decírmelo?
Ya me estoy yendo por las ramas. Nuestro hotel en Viena estaba al lado de la Postsparkasse, de Otto Wagner. Era un edificio de oficinas, con más plantas. Teníamos una amplia habitación y un gran balcón. La ciudad nos la pateamos, llegamos incluso al Prater. En la Peterkirche pudimos disfrutar dos conciertos de órgano. ¡Ay, qué rico está el Apfelstrudel de la confitería Demel! Es el dulce más exquisito que he probado después del Bienenstich del Café Schüler en Bad Tölz (eso es ya sublime). Una tarde visitamos Grinzing, donde en uno de los Heurigen comimos con valses en directo.
21 de julio: salida para el Königsee, un paraíso en Baviera. Llegamos sobre la una, y nuestro hotel, una vez más, tiene un sitio emblemático, miradlo. El Biergarten de al lado lo frecuentamos muchísimo, claro está, y el último día ofrecí comida a los patos, que se dieron un banquetazo de patatas fritas y un trozo de Brezel ofrecido por la camarera al ver mi actividad.
22 de julio: tomamos el barco hasta el Obersee, donde me bañé, claro. ¡Qué sitio! Oh, es impresionante lo del eco, os regalo un vídeo de alguien: ¡atención! Ver vídeo. Luego volvimos a St. Bartolomä, ¿y qué hice? Obvio: bañarme.
23 de julio: vuelta a Salzburgo después de siete años. Esta vez entré en la casa natal de Mozart y visitamos la fortaleza. ¡Ay, qué hermosos los jardines de Mirabell! Llovió por la tarde, precisamente cuando estábamos recorriéndolos; pero como ya prácticamente era la hora de volver, no nos molestó. Más temíamos al calor, del que nos libramos en Viena (la ola nos pasó rozando). Ah, olvidaba: en ambas ciudades me impresionó el alto nivel de los músicos callejeros.
Si me conocéis un poco adivinaréis qué compré: una escultura de Mozart, que he colocado junto a la que tengo de Bach, para que se hagan compañía.
Día 24: lluvia, lluvia, lluvia; tanta que nos dio pocas opciones. Visitamos la destilería del famoso licor de genciana y Berchtesgaden, hermoso pueblo. Por la tarde, a pesar de todo, hicimos el Wimbachklamm, pero nos pusimos chorreando.
25 de julio: se nos quedó pendiente un desfiladero que no pudimos ver el día anterior, el Almbachklamm. ¡Qué belleza, qué impresionante, con la cascada todo el rato, pasando por encima de ella! Había 23 puentes para cruzar el río; y a veces nos poníamos chorreando porque teníamos que avanzar por debajo de un chorro.
Siguiente estación: Kehlsteinhaus, llamada por los americanos "el nido del águila". Ya sabéis, la morada de verano del tío Adolf. ¡Merecía haber pertenecido a otra persona! ¡Qué vista! El Königsee, las montañas, Salzburgo...
Por la tarde, ¿qué encontramos? ¡Una fiesta bávara auténtica, con un grupito de Musikanten! Menos mal, pues ya me iba a ir con esa pena. Mucha gente estaba vestida con los trajes regionales y la cerveza y las salchichas circulaban por todas partes.
Desgraciadamente, llegó nuestro último día. Caminamos hasta un mirador que había cerca de casa, el Unterstein. Luego montamos en barca y después yo quise despedirme de mi adorado lago, pero casualmente empezó a llover. No me importó, como muestra este vídeo. ¡Ay! ¿Cuándo regresaré a mi Königsee? ¿Cuándo podré mudarme a Baviera?
Espero no haberos aburrido con tan extensos apuntes de viaje.

lunes, 12 de julio de 2010

¡Están locos estos españoles!

Anoche, huyendo de las altas temperaturas, fui con mis padres a tomar algo en una venta rural; allí siempre hace como mínimo tres grados menos que en el pueblo. A veces, por efecto del viento catabático, la diferencia resulta aún mayor y muy sorprendente: de golpe disfrutamos de seis grados menos... Por eso, la reseñada venta se ha tornado escenario habitual de nuestras noches veraniegas. Yo había llevado mi radio pequeñita, pues la emisora clásica de RNE me cautiva y quería oír algo del concierto de clausura del Festival Internacional de Música y Danza de Granada, ofrecido en directo. Se trataba de una sinfonía de Bruckner dirigida por Barenboim, ya habitual en este acontecimiento musical que el próximo año celebrará su sexagésima edición.
Sin embargo, me costó mucho concentrarme en Bruckner porque la gente gritaba: "¡Venga, que podemos, que podemos! Yo soy español, español, español. Campeones, oé, campeones, oé. Hemos ganado, hemos ganado, hemos ganado". Además se oían desagradables trompetillas de plástico, claxons, golpes en las mesas... ¡Hemos ganado! ¿El qué? Me detuve a pensar pero, por más vueltas que le diera, no pude hallar una explicación congruente. Estaba deseando regresar a casa para cotejar los extractos bancarios, a ver si el saldo a mi favor había aumentado. Por fin se hizo la luz en mi cerebro, o eso creí a priori: ¡hemos ganado un día más de vida! Una jornada más llena de nuevas músicas escuchadas, nuevos libros leídos, nuevas conversaciones con parientes y amigos... Pero eso ocurre diariamente y nadie se altera: ¿cómo es que hoy se han dado cuenta? En fin, siempre es bueno que estemos agradecidos por las maravillosas vivencias cotidianas.
Bruscamente, sin embargo, se interrumpió el flujo de mis pensamientos al constatar que habían caminado por una senda errónea: ¡ellos vocean "España, España"! ¡No tiene sentido, el privilegio es para todo el mundo! Me fijé en otros comentarios proclamados por la radio y la televisión: "gesta nacional", "héroes", "gran victoria"... ¡Ya lo tengo, ya lo tengo! ¿Será posible? ¡Estoy tan sumergida en Radio Clásica que no me había enterado de nada! ¡Una guerra! ¡Una guerra épica, caballeresca! ¡Y al parecer de España contra todo el mundo! ¿Qué implicaciones tiene ganar esa guerra? ¿Resulta prudente celebrarlo así? ¡A ver si va a levantarse el mundo contra nosotros!
¡Ah, no, ahora sí que lo sé! Parece ser que todo el país ha pasado la noche jugando al fútbol y venciendo a equipos extranjeros; como se atribuyen el triunfo... ¡Oh, nuevamente me equivoco! 11 jugadores representan a todo el país. Ellos ganan un partido y España lo celebra. ¿Y por qué no sucede lo mismo con campeonatos mundiales de baloncesto, tenis, ajedrez...? ¿Por qué no se sienten igual de orgullosos y felices cuando sus compatriotas obtienen premios literarios, artísticos o de investigación? ¿Por qué no reciben con los brazos abiertos a intelectuales, escritores, pintores, músicos, científicos...? ¿A ésos cuyo esfuerzo nos ayuda a mejorar, nos enriquece, nos hace dignos de llamarnos Homo Sapiens Sapiens? Ellos en cambio, esos héroes de la cultura, son en bastantes ocasiones anónimos, poco reconocidos; muchos tienen que abandonar el país para que su trabajo dé frutos. Otras veces ni siquiera pueden desempeñar ese trabajo por falta de medios, de apoyo... Y sin embargo primamos un deporte concreto que nada significa, que no nos hará más grandes ni más sabios, que fomenta la rivalidad y la violencia.
Por suerte mañana me voy de viaje a Hallstatt, Viena y el Königsee: paz, fresco, naturaleza, lagos, paisajes de encanto... Espero que a mi regreso se haya pasado la furia y hayan descendido un poco las temperaturas.