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viernes, 8 de diciembre de 2017

Momo: ¡ganaron los hombres grises!

 
Leí este clásico de Michael Ende por primera vez a mis trece años y me fascinó muchísimo. A los 26 tomé el original en alemán con la excusa de practicar el idioma, ¡pero me cautivó más si cabe! Y es que, 44 años después de su publicación, no ha perdido vigencia en absoluto. ¿Qué diría Michael Ende si nos viese? Sus hombres grises ahora se llaman Facebook, Twiter, What's App y estrategias similares ideadas para atraparnos y que no hagamos otra cosa; para alienarnos e idiotizarnos; para devorar alegremente nuestro tiempo. Incluyo también las zafiedades que suelen emitirse en la televisión española. Cada vez hemos de seleccionar más, de estar más alerta si deseamos escapar de estas trampas. Las nuevas tecnologías y el acceso inmediato a la información son ventajas indiscutibles cuyos beneficios parecemos no apreciar del todo. ¿Por qué, entonces, no les damos mejor cauce? El autoaprendizaje en la red podría hacernos más sabios; la educación sería nuestra responsabilidad ahora más que nunca. ¿Por qué hay tantos que se sientan frente al ordenador para atontarse, imbecilizarse, destrozar las pocas neuronas que les pudieran quedar? ¿En cuántos contextos hemos visto a adolescentes y jóvenes dando dedazos a una pantallita por inercia mientras ríen de vez en cuando sin saber realmente de qué, y se aíslan del entorno? Sus posibles amigos no pueden interactuar pues, aun encontrándose a un metro de distancia, están demasiado ocupados con su propio dispositivo móvil.



Como siempre, el arreglo se haría desde los cimientos: una buena educación, en la escuela, en casa y en la sociedad. ¡Pero eso no ocurre! No pueden guiar a sus hijos unos padres frívolos, consumistas y atontados. No puede ser buen contexto un país en que los medios garantes de la cultura emitan programas insulsos o violentos, donde tiene más razón el que más insultos gritados profiera. No pueden dar ejemplo unos políticos que parecen disfrutar peleando y acusándose como niños pequeños; que prometen sin cumplir; que roban y engañan sin escrúpulos. No puede ser buen contexto una sociedad en que los grandes valores se ridiculizan: el respeto, la tolerancia, la no violencia, el amor por la Naturaleza, por la cultura, el sentido de la colectividad, la ayuda mutua, el esfuerzo para conseguir algo, los retos personales, el deseo de superarse a diario...

Michael Ende


Michael Ende nos presenta en "Momo" a una niña que tiene la virtud de saber escuchar: ¡oh, precioso don! Así arregla conflictos, sólo prestando atención y mostrando interés. Los Hombres Grises, que se alimentan de nuestro tiempo, deciden robarlo y convencen a todos para que lo ahorren, para que inviertan por un buen futuro. Es así como se prescinde poco a poco de las actividades que antes producían placer o satisfacción por considerarse inútiles, pérdidas absolutas de tiempo: visitar a la madre o a un amigo, dar un paseo por el parque, jugar con los hijos... Al final, estos singulares ladrones lo han devorado todo y los hombres, que viven en continuo estrés, obsesionados y malhumorados, no tienen tiempo ni de respirar..., hasta que interviene esta inteligente niña. Pero, ¿y a nosotros, qué Momo nos salva? ¿Por qué nuestros abuelos podían incluso aburrirse mientras hoy vivimos con los glucocorticoides por las nubes, sin ni siquiera sentarnos a pensar? ¿Por qué nos han comido el coco con la historia de que hemos de ocupar cada hora, cada minuto, de que tenemos que ser productivos? ¡huy! En caso contrario, pecaremos de ociosidad. A mí han llegado a decirme en varias ocasiones que estoy muy desaprovechada: !¡apúntate a clases de piano, a yoga, a canto, a senderismo, estudia otro instrumento, otros idiomas, escribe un libro, ayuda en ONG's!". ¡Socorrooooooo! Dejadme primero ser yo, encontrarme conmigo misma. ¿Es que les da miedo precisamente eso, contemplarse desde fuera? ¿Quieren llegar a ser autómatas para no darse el trabajo de administrar su propia libertad? ¿No quieren ser libres, los asusta? ¿Prefieren que otros les dicten, les indiquen, les pauten unos horarios, unas obligaciones? "Tengo que [...]": así lo justifican todo. "No puedo quedar contigo porque estoy muy liada" -es el Leitmotiv de una amiga. Ajá: tus inagotables compromisos para justificar la conciencia son más importantes que yo; ya sé hasta dónde me valoras. Cuando lleguen a viejos y echen la vista atrás, contemplarán cómo se les pasó la vida sin darse cuenta. De tanto hacer planes para el futuro, se les escapó el presente entre los dedos y se quedaron sin pasado. Por favor: ¡no caigáis en esa trampa! ¡Estáis a tiempo! ¡Que no os roben vuestro bien más preciado! ¿Pretendo emular a Momo liberando las flores horarias? Tal vez, mas me temo que no me alzaré con la victoria. Aunque, si desde estas líneas convenzo a algunos para que no se estresen y disfruten despacio de cada momento; lo saboreen; lo paladeen como algo único y exquisito, puedo considerarme satisfecha.

Recomiendo la lectura de "Momo"; poético, apto para jóvenes y adultos en igual medida. Tendría que ser libro de referencia en las escuelas. Los maestros deberían hacer reflexionar a sus alumnos al respecto..., y de paso aplicarse ellos también a la tarea. ¡Gozad de vuestro tiempo, no lo tiréis!

3 comentarios:

  1. Ante todo, equilibrio. Si sabemos darle un buen uso a toda esta tecnología que nos rodea, todo puede ser mucho mejor. ¡Genial como siempre Rocío!

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  2. La tecnología nos sirve también para comunicarnos y ensanchar nuestro mundo. Puede ser una gran aliada.

    Pero sí... Hay que mantener lo gris a distancia, con conocimiento. Sólo así será un color más en este mundo ;-)

    Un abrazote!!!
    Rafa

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  3. Debería serlo, pero no siempre ocurre. Es una pena tener Tantísimas posibilidades al alcance de la mano y no aprovecharlas. Internet es un lujo, mas ha de saberse usar. Son tantos los que lo desperdician…

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