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viernes, 30 de julio de 2010

Buenas fotos de viajes

MI padre ha colgado en Panoramio gran cantidad de fotos que quizás puedan interesaros. Hay muchas de nuestros viajes, otras se efectuaron por aquí cerca... En fin, gran variedad. Os paso el enlace:
 

jueves, 29 de julio de 2010

Crónicas austroalemanas









Ya he vuelto del primer viaje, a mi pesar. Sabéis cuán grande es el amor que profeso a estos países, cómo adoro la Naturaleza, los bosques, los lagos... Ahora, al calor y la aridez de mi pueblo, me faltan los baños en aquellas frescas, cristalinas aguas; la umbría de majestuosas hayas con raíces forradas de musgo y hojas de encajes; los paseos por aquellos paisajes de ensueño; y, cómo no, la gente, tan amable, tan educada y siempre dispuesta a ayudar, a regalarte su sonrisa y obsequiarte con su exquisita cortesía. Sé que mi meta es Alemania, y sobre todo Baviera: he de mudarme allí definitivamente. ¿Cómo, cuándo? Ni idea, pero aquellos lugares me llaman. La primera vez que tomé contacto con ellos me sorprendí ante la materialización de un sueño: el mundo que buscaba, mi utopía estaba allí. ¿Cómo no me había percatado antes de su existencia?
Hallstatt es preciosa, y nuestro hotel se encontraba en un sitio privilegiado, miradlo. Llegamos a las once y veinte de la noche y no se escuchaba un alma. Nuestra habitación daba a la cascada, así que dormíamos con el apacible ruido del agua. Por la ventana se colaban las hojas de un arce.
Nuestra primera estación fueron las minas de sal. ¡Qué divertidos los toboganes! ¡Y qué fresquito allí dentro! Porque ese día hizo calor; nos cogió la ola. Recibí de regalo una gran piedra de sal y un salerito pequeño.
Después de comer me bañé en el lago: ¡qué maravilla! Lamento vivir en un sitio donde no haya estas cosas, porque la playa no me gusta mucho: sal, arena, paliza de calor... En cambio un baño en las aguas refrescantes de lagos de montaña es lo más hermoso que existe; además sale una nueva, revitalizada.
Otro día, otro lago: el de Gosau. Es más alto, más natural y estábamos más encajonados. Encontramos un sitio perfecto, idílico para bañarnos, y además estábamos solos. Permanecí en el agua largos ratos.
¿Qué lago tocó la siguiente jornada? ¡El Traunsee! Eso fue después de subir al mirador de los cinco dedos. Luego nos pasamos por el castillo que hay cerca de Gmunden y tomamos un café en una terraza con el lago allí, oyendo los patos. Después comimos en Bad Ischl. También hizo bochornillo.
Siguiente estación: el lago de St. Wolfgang, el último del Salzkammergut que disfruté. Me quedan otros 66, así que tengo que volver varias veces para apurarlos todos. Por la tarde, regresando, empezó a llover y la tormenta duró bastante. La cascada de nuestra ventana iba crecidísima.
Día 18: viaje a Viena. Esa ciudad tiene gran significado para mí, porque fue la consecuencia última de que aprendiese alemán. Yo quería hacerlo desde que era pequeña; por la música, por Mozart y Bach; pero en 2003 tomé la determinación cuando mi tía me comunicó que al mes siguiente iríamos ambas una semana a Austria. No necesitábamos usar el idioma porque viajábamos en grupo, pero yo decidí que ya había llegado la hora, que quería comunicarme con la gente. Pedí a la ONCE la única Gramática con enunciados en español, que resultó ser de 1944, y me puse con ahínco a copiar todo lo interesante, pues tenía que devolverla. Contaba con un mes de plazo, así que no hice otra cosa; hasta tal punto que llegué a soñar en alemán. Fue hermoso que la primera persona que me hablara en este idioma lo hiciera para ofrecerme propaganda de un concierto de música clásica, uno de estos señores vestidos de Mozart que andan por el Hofburg. Lo entendí todo, ante el asombro de mi tía, y eso me dio confianza. A lo largo de la semana vi que mi esfuerzo había dado sus frutos. Además estaba conociendo un mundo nuevo, la materialización de mis anhelos y fantasías. Por amor a él estudié su idioma con más ahínco. ¡Cómo me ha cambiado la vida! ¿Quién iba a decírmelo?
Ya me estoy yendo por las ramas. Nuestro hotel en Viena estaba al lado de la Postsparkasse, de Otto Wagner. Era un edificio de oficinas, con más plantas. Teníamos una amplia habitación y un gran balcón. La ciudad nos la pateamos, llegamos incluso al Prater. En la Peterkirche pudimos disfrutar dos conciertos de órgano. ¡Ay, qué rico está el Apfelstrudel de la confitería Demel! Es el dulce más exquisito que he probado después del Bienenstich del Café Schüler en Bad Tölz (eso es ya sublime). Una tarde visitamos Grinzing, donde en uno de los Heurigen comimos con valses en directo.
21 de julio: salida para el Königsee, un paraíso en Baviera. Llegamos sobre la una, y nuestro hotel, una vez más, tiene un sitio emblemático, miradlo. El Biergarten de al lado lo frecuentamos muchísimo, claro está, y el último día ofrecí comida a los patos, que se dieron un banquetazo de patatas fritas y un trozo de Brezel ofrecido por la camarera al ver mi actividad.
22 de julio: tomamos el barco hasta el Obersee, donde me bañé, claro. ¡Qué sitio! Oh, es impresionante lo del eco, os regalo un vídeo de alguien: ¡atención! Ver vídeo. Luego volvimos a St. Bartolomä, ¿y qué hice? Obvio: bañarme.
23 de julio: vuelta a Salzburgo después de siete años. Esta vez entré en la casa natal de Mozart y visitamos la fortaleza. ¡Ay, qué hermosos los jardines de Mirabell! Llovió por la tarde, precisamente cuando estábamos recorriéndolos; pero como ya prácticamente era la hora de volver, no nos molestó. Más temíamos al calor, del que nos libramos en Viena (la ola nos pasó rozando). Ah, olvidaba: en ambas ciudades me impresionó el alto nivel de los músicos callejeros.
Si me conocéis un poco adivinaréis qué compré: una escultura de Mozart, que he colocado junto a la que tengo de Bach, para que se hagan compañía.
Día 24: lluvia, lluvia, lluvia; tanta que nos dio pocas opciones. Visitamos la destilería del famoso licor de genciana y Berchtesgaden, hermoso pueblo. Por la tarde, a pesar de todo, hicimos el Wimbachklamm, pero nos pusimos chorreando.
25 de julio: se nos quedó pendiente un desfiladero que no pudimos ver el día anterior, el Almbachklamm. ¡Qué belleza, qué impresionante, con la cascada todo el rato, pasando por encima de ella! Había 23 puentes para cruzar el río; y a veces nos poníamos chorreando porque teníamos que avanzar por debajo de un chorro.
Siguiente estación: Kehlsteinhaus, llamada por los americanos "el nido del águila". Ya sabéis, la morada de verano del tío Adolf. ¡Merecía haber pertenecido a otra persona! ¡Qué vista! El Königsee, las montañas, Salzburgo...
Por la tarde, ¿qué encontramos? ¡Una fiesta bávara auténtica, con un grupito de Musikanten! Menos mal, pues ya me iba a ir con esa pena. Mucha gente estaba vestida con los trajes regionales y la cerveza y las salchichas circulaban por todas partes.
Desgraciadamente, llegó nuestro último día. Caminamos hasta un mirador que había cerca de casa, el Unterstein. Luego montamos en barca y después yo quise despedirme de mi adorado lago, pero casualmente empezó a llover. No me importó, como muestra este vídeo. ¡Ay! ¿Cuándo regresaré a mi Königsee? ¿Cuándo podré mudarme a Baviera?
Espero no haberos aburrido con tan extensos apuntes de viaje.

lunes, 12 de julio de 2010

¡Están locos estos españoles!

Anoche, huyendo de las altas temperaturas, fui con mis padres a tomar algo en una venta rural; allí siempre hace como mínimo tres grados menos que en el pueblo. A veces, por efecto del viento catabático, la diferencia resulta aún mayor y muy sorprendente: de golpe disfrutamos de seis grados menos... Por eso, la reseñada venta se ha tornado escenario habitual de nuestras noches veraniegas. Yo había llevado mi radio pequeñita, pues la emisora clásica de RNE me cautiva y quería oír algo del concierto de clausura del Festival Internacional de Música y Danza de Granada, ofrecido en directo. Se trataba de una sinfonía de Bruckner dirigida por Barenboim, ya habitual en este acontecimiento musical que el próximo año celebrará su sexagésima edición.
Sin embargo, me costó mucho concentrarme en Bruckner porque la gente gritaba: "¡Venga, que podemos, que podemos! Yo soy español, español, español. Campeones, oé, campeones, oé. Hemos ganado, hemos ganado, hemos ganado". Además se oían desagradables trompetillas de plástico, claxons, golpes en las mesas... ¡Hemos ganado! ¿El qué? Me detuve a pensar pero, por más vueltas que le diera, no pude hallar una explicación congruente. Estaba deseando regresar a casa para cotejar los extractos bancarios, a ver si el saldo a mi favor había aumentado. Por fin se hizo la luz en mi cerebro, o eso creí a priori: ¡hemos ganado un día más de vida! Una jornada más llena de nuevas músicas escuchadas, nuevos libros leídos, nuevas conversaciones con parientes y amigos... Pero eso ocurre diariamente y nadie se altera: ¿cómo es que hoy se han dado cuenta? En fin, siempre es bueno que estemos agradecidos por las maravillosas vivencias cotidianas.
Bruscamente, sin embargo, se interrumpió el flujo de mis pensamientos al constatar que habían caminado por una senda errónea: ¡ellos vocean "España, España"! ¡No tiene sentido, el privilegio es para todo el mundo! Me fijé en otros comentarios proclamados por la radio y la televisión: "gesta nacional", "héroes", "gran victoria"... ¡Ya lo tengo, ya lo tengo! ¿Será posible? ¡Estoy tan sumergida en Radio Clásica que no me había enterado de nada! ¡Una guerra! ¡Una guerra épica, caballeresca! ¡Y al parecer de España contra todo el mundo! ¿Qué implicaciones tiene ganar esa guerra? ¿Resulta prudente celebrarlo así? ¡A ver si va a levantarse el mundo contra nosotros!
¡Ah, no, ahora sí que lo sé! Parece ser que todo el país ha pasado la noche jugando al fútbol y venciendo a equipos extranjeros; como se atribuyen el triunfo... ¡Oh, nuevamente me equivoco! 11 jugadores representan a todo el país. Ellos ganan un partido y España lo celebra. ¿Y por qué no sucede lo mismo con campeonatos mundiales de baloncesto, tenis, ajedrez...? ¿Por qué no se sienten igual de orgullosos y felices cuando sus compatriotas obtienen premios literarios, artísticos o de investigación? ¿Por qué no reciben con los brazos abiertos a intelectuales, escritores, pintores, músicos, científicos...? ¿A ésos cuyo esfuerzo nos ayuda a mejorar, nos enriquece, nos hace dignos de llamarnos Homo Sapiens Sapiens? Ellos en cambio, esos héroes de la cultura, son en bastantes ocasiones anónimos, poco reconocidos; muchos tienen que abandonar el país para que su trabajo dé frutos. Otras veces ni siquiera pueden desempeñar ese trabajo por falta de medios, de apoyo... Y sin embargo primamos un deporte concreto que nada significa, que no nos hará más grandes ni más sabios, que fomenta la rivalidad y la violencia.
Por suerte mañana me voy de viaje a Hallstatt, Viena y el Königsee: paz, fresco, naturaleza, lagos, paisajes de encanto... Espero que a mi regreso se haya pasado la furia y hayan descendido un poco las temperaturas.

lunes, 5 de julio de 2010

¿Queréis aprender alemán en línea?


Os dejo tres niveles de un curso de alemán muy bueno (¡y gratuito!), publicado hace tiempo por la emisora Deutsche Welle. En el primer curso, "Deutsch, warum nicht ["Alemán: ¿por qué no?"]?", los enunciados están en español. Encontraréis audios y pdf's. Lo recomiendo. ¡Ah! Y conozco a gente que se picó con la pregunta "por qué no" y empezó a estudiar con este método... ¡Y aprendió!
El segundo nivel contiene lecturas variadas sobre cuestiones de la vida diaria, ya sólo en alemán; el tercer curso es el más difícil, con vocabulario financiero. Mas vayamos poco a poco, echad un vistazo al primer episodio:
Como veis, la página de la Deutsche Welle está llena de recursos.
Os animo a adentraros en el conocimiento de la hermosa lengua alemana, que os llevará a entender mejor su cultura, sus gentes; a viajar por hermosos lugares cargados de encanto... A mí me cambió la vida desde que en 2003 me decidiera a tomar aquella antigua Gramática (la única que poseía la ONCE con enunciados en español). ¿Quién me lo iba a decir? ¡Cuántos viajes vinieron después, cuántos contactos, cuántas vivencias!