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domingo, 25 de junio de 2017

Mis maestros.



«La curiosidad y el afán de resolver dilemas constituyen el sello distintivo de nuestra especie».
Carl Sagan.
“Remember to look up at the stars and not down at your feet. Try to make sense of what you see and wonder about what makes the universe exist. Be curious. And however difficult life may seem, there is always something you can do and succeed at. It matters that you don't just give up.”
Stephen Hawking.
"Si cada año estuviéramos ciegos por un día, gozaríamos en los restantes trescientos sesenta y cuatro".
Isaac Asimov.
"Hay defectos, alteraciones, enfermedades y trastornos que pueden desempeñar un papel paradójico, revelando capacidades, desarrollos, evoluciones, formas de vida latentes que podrían no ser vistos nunca, o ni siquiera imaginados, en ausencia de aquéllos".
Oliver Sacks.
Ayer comencé y terminé, en una tarde, "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero", de Oliver Sacks; y hoy, en una mañana, he devorado "Con una sola pierna". Parece dominarme una hiperlexia compulsiva, porque hace hora y media inicié "Un antropólogo en Marte", siendo ésta la séptima obra del genial neurólogo que tengo en mis manos. La primera, obviamente, fue "Musicofilia". ¡Por fin alguien que aplica la música al tratamiento clínico, con excelentes resultados! Estaba tan fascinada aquellos días de enero que, apenas hube concluido la última palabra, me fui a la página de Sacks para escribirle, darle las gracias y hablarle de mi propia experiencia con la música y con los deseos depresivos de autoaniquilación. Pero... ¡No! ¡Había muerto el 30 de agosto de 2015! Si me lo hubieran presentado antes..., si le hubiese escrito antes..., ¡tal vez me habría dado norte! Yo me hubiera desplazado a Nueva York en busca de ayuda; de los placeres perdidos; de mi identidad ahogada: ¡a Nueva York y adonde fuese para recobrar la vida que se hundía en una absurda ciénaga de anhedonia!
¡Sacks! ¡Querido Oliver! ¿Qué le pasaba a mi cerebro? Ya lo sé, una vulgar aunque terrible depresión; ni siquiera soy original en esto, pero..., ¿por qué se anhela la autodestrucción? ¿No es el principal cometido de nuestra máquina rectora la supervivencia, aunque para ello tenga que engañarnos? Un día soñé que lograbas apagar ese ansia; ese odio hacia mí misma,; ese TAEDIUM VITAE, en aquel largo periodo de autodesprecio. ¿Lo hubieras hecho? ¿Me habrías curado? ¿Me habrías conducido, mediante tu amor y tu profesionalidad, hacia la vida y sus dichas felizmente recobradas? ¡Oh, gran genio; médico humanísimo! ¿Habrías confortado a esa pobre criatura enferma, abúlica y plena de desesperanza, a ese espectro que era yo?

Dime otra cosa: ¿por qué no me llegaba la música? ¡Yo, que no puedo vivir sin ella...! ¿Por el trastorno en la neurotransmisión serotoninérgica, la avería del sistema límbico? Háblame de ese estado pétreo; de ese coma emocional; de esa insensibilidad; yo, que suelo conmoverme ante cualquier pequeño atisbo de belleza. Doctor Sacks, ya no podrás responderme nunca. Si en ese periodo convulso te hubiera visitado, hubiese hablado contigo, me hubieras tendido tu comprensiva mano..., ¿habría cambiado algo? Leyendo tu obra admiro esa calidez, esa empatía, ese cariño hacia todos tus pacientes y sus casos; ese hondo, urgente deseo de ayudar. ¡Me habrías auxiliado, lo sé! ¡Habrías dejado un hueco en tu agenda para esta pobre perdida, tragada por el abismo, engullida sin remedio en el agujero negro de la desesperación más absoluta! ¿Sin remedio? Eso creía yo entonces.

El 1 de abril de 2016 se produjo mi renacimiento, y las sensaciones que experimenté los primeros días me recuerdan mucho a lo que expone Sacks tras recobrar la conciencia de su pierna alienada. De pronto todo era hermoso, increíblemente hermoso; como nunca lo había visto. Mi yo interior me reprendía: "¿cómo has estado ciega a esta maravilla?". El canto de los pájaros, la naturaleza primaveral, los fragantes olores; la renovada capacidad de disfrute, por fin, de la música y de cualquier otra cosa... Y ellos, los demás; mis amigos y familiares dispuestos a quererme, a abrazarme, a compartir magníficos momentos conmigo sin llamarme tonta, pesada, neurótica o ignorante.
Pronto apareció Stephen Hawking tirándome de los axones con perentoria urgencia: "¿a qué esperas? ¡Aprende! ¡Pregunta! ¡Descubre! ¡Contempla las maravillas del universo! ¡Asómbrate a cada instante con lo que te rodea! Mira a tu alrededor, ¡pobre anécdota cósmica! ¡No desperdicies tantos millones de años de evolución en un lamento perpetuo! ¡No arrojes por la borda tu tiempo particular, ese gran tesoro! ¡Ponte en movimiento sin perder un segundo más!".
Asimov me pidió luego que leyese; que me dejase guiar por maestros pasados y presentes; que me olvidara de las maquinitas y de lo superfluo para pertenecer, por qué no, a una élite; a un grupo diferente por minoritario, pero no estigmatizado por su anormalidad estadística. ¡Podía hacerlo sin ser tildada de excéntrica o rara! "Sí, puedes y debes -me respondió con una ligera sonrisa-. Además, ¿qué pasa si te califican de extraña? ¿Tanto te importa? ¿Qué es la normalidad, lo aceptable? ¿Podrías definírmelo?". "No, lo desconozco; sería lo estadísticamente más abundante..., pero entonces tendría que dejar a Bach, por ejemplo". "¿Quién establece, según tú, los patrones que han de ser aceptados? ¿De quién esperas el reconocimiento? Por favor: ¡sé tú misma!". "¡Basta, me has convencido! ".
Al poco llegó Carl Sagan con su canto poético a la vida; su lírica visión del Cosmos y las civilizaciones. ¡Cuánto me conmovió! ¡Cómo me enriqueció!

Ellos son ahora mis maestros, los que me han puesto en el camino de mi apertura al mundo; de mi mirada curiosa; de la sorpresa diaria ante cualquier pequeño prodigio que se encierra en lo cotidiano. ¡Gracias, gracias, de verdad! Prometo no pasar por alto esos regalos; esos instantes dichosos. Prometo no abandonar el deseo de descubrir. Seguiré preguntando; indagando; interesándome; esforzándome; construyéndome. Y si me acusan de simple y se niegan a explicarme, buscaré a los guías adecuados. No es tonto el que quiere saber. ¿Por qué hay tantos que rehúsan enseñar?

3 comentarios:

  1. Siempre es bueno agradecer a aquellos que nos ayudan a ser mejores personas, aunque sean seres a quienes no conozcamos personalmente y alomejor no los podamos conocer nunca. Gracias a ti Rocío por mostrarnos a esos maestros que te han hecho ser tú misma.

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  2. Hay Maestros que abren caminos que luego podemos recorrer nosotros con un poco más de luz. La cosa es no parar de aprender nunca! Y eso es, en resumen, de lo que se trata.
    Un abrazo :-)
    Rafa

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  3. Por cierto, me encantó el Motete. Así que te dejo este link directo al "cuore" de Monteverdi. Una producción del Teatro Real de Madrid, allá por el 2010. Una pequeña joya musical que seguro que conoces ;-)

    https://www.youtube.com/watch?v=_isL0E-4TsQ

    Rafa

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