Ojos biónicos, implantes cocleares, manos protésicas... La tecnología suaviza barreras.
lunes, 18 de junio de 2012
lunes, 11 de junio de 2012
¡No se dirigen a los ciegos!

Esta mañana fui al oftalmólogo. Lo que voy a relatar no me sorprende, de tan habituada como estoy a ello, por más que tal actitud carezca de sentido común. La médico, buena profesional por otra parte, no se dirigió a mí en ningún momento. Como entré con mi madre, le hablaba a ella:
"¿qué tratamiento está siguiendo?". Yo le respondía. "¿Pero a ella la ven aquí o en Granada?". Volvía a responder yo, y así sucesivamente. Sólo me habló directamente en una ocasión, para pedirme que mirara hacia arriba: muy lúcido, sí, señora; ¿no sabe un oftalmólogo que los ciegos no controlamos los movimientos del globo ocular?
"¿qué tratamiento está siguiendo?". Yo le respondía. "¿Pero a ella la ven aquí o en Granada?". Volvía a responder yo, y así sucesivamente. Sólo me habló directamente en una ocasión, para pedirme que mirara hacia arriba: muy lúcido, sí, señora; ¿no sabe un oftalmólogo que los ciegos no controlamos los movimientos del globo ocular?
En las tiendas de ropa suele sucederme otro tanto cuando voy acompañada: "¿Y ella qué talla usa?". "¿Bueno, qué tal le queda?". Yo me siento como un maniquí o una modelo en su desfile.
Mi padre justifica este comportamiento por el hecho de que los ciegos desconcertamos a nuestros interlocutores al no mirarlos a los ojos; pero es que, precisamente, ¡somos ciegos! He conocido a muchos que nunca se habían relacionado con personas privadas de visión y que, a pesar de ello, me han tratado con la máxima exquisitez. Por eso opino que se debe a una falta de educación, de cultura... Como cuando alguien tiene que dirigirse a otra persona por medio de un intérprete y no mira a su interlocutor, sino al mediador.
Aprovecho, ya que estamos, para denunciar algunas torpezas más en que caen los videntes; no, no los que leen las cartas, que también se sorprenden muchos ante el término "vidente".Caso 1. Voy por la calle, perdida, desesperada. Doy veinte vueltas en un sitio porque no me ubico; alguien me ve, lo observa todo y no actúa. A la media hora me acerco porque noto la presencia de algún peatón; me dirijo a él. Respuesta: "Sí, llevo viéndote un rato pero no me he acercado porque una vez quise ayudar a un ciego y le sentó mal". Sé que es mentira, la excusa para no acercarse. Esto tiene una variante: "[...] porque no quiero que te sientas ofendida si te ayudo". ¡Madre mía! ¿Pues no me está usted viendo solicitar a gritos esa asistencia?
Caso 2. En cualquier escenario; de golpe se acerca alguien y proclama bien alto, para que todos lo oigan: "¡Ay, qué lástima! Con lo joven que es... ¿Cómo permite Dios esas cosas?". Señora -suelen ser mujeres-: si le da lástima, lo normal es que se lo guarde para usted misma, ¿no? ¿O acaso le gustaría que yo hiciera partícipe a quien quisiera oírlo que me apenan su vejez, su falta de cultura, su fracaso vital?
Caso 3. Te ayudan a cruzar o a encontrar una dirección y ya aprovechan para darte sabios consejos: "¿tú por qué no tienes un perro?". Respondes que no te gusta, que conlleva muchas implicaciones, que prefieres el bastón... "Pues un perro te ayudaría mucho, te llevaría a los sitios...". Alma de cántaros, el perro no viene con GPS incorporado.
Caso 4. Ante un semáforo sin indicador acústico. No te fías, muchas veces la gente cruza en rojo; así que, lo de seguir al personal... Aguardas y aguardas, a veces derritiéndote bajo el inclemente sol. Los peatones pasan, no dicen nada; no sabes si están cruzando en rojo o en verde... Al final llega uno con las palabras que más feliz te hacen en todo el día: "Está en verde".
Caso 5. Alguien te ayuda a cruzar o te acompaña en un tramito determinado, pero... ¡Oh, fatalidad! Te agarra el bastón, por el extremo. Y tú detrás, sintiéndote como un perrillo con correa... Un día voy a llevar vendas en el bolso para tapar los ojos a quien me haga tal desaguisado.
Caso 6. Vas andando por la acera y de pronto se ha formado un muro de gente que te impide el paso. "Disculpen, por favor...". No se apartan, no se apartan...
Caso 6.B.: vas caminando y la gente se topa con tu bastón, algunas señoras incluso llegan a caerse. El otro día fue una al suelo. Me acerqué preocupada para inquirir si se encontraba bien; no me contestó, estoy habituada a ello. Llegó otro señor, a él sí le habló: "Quise esquivarla y me metió el bastón entre las piernas". Digo yo que podrían darme un poco de visión, ellos no la usan.
Caso 7. Estás perdida, oyes a un grupo de gente. Te acercas: "Por favor, ¿podrían indicarme...?". La reunión, que antes hablaba animadamente, se calla. "¡Gracias!" -exclamas con ironía y pasas de largo; entonces reanudan su conversación. Señores, soy ciega, pero no tonta.
Caso 8. Una conversación. "Ayer vi en la tele... Ay, perdón". Señora, que yo utilizo el verbo "ver" con la misma naturalidad que usted. Aunque es cierto: por ver la mierda que nos pone la televisión en España hay que disculparse eternamente.
Caso 9. "Como tú no me puedes ver, tócame la cara, así te haces una imagen". Bueno, si me lo dice un chaval apuesto siempre se podría sacar partido.
Típicas preguntas a ciegos.
A.- Y si no ves, ¿cómo sueñas? ¡Madre mía! Yo es que ni siquiera imaginaba que a la gente se le plantease esa duda.
B.- "Entonces, si no ves, lo ves todo negro". "No, no veo nada". "Ea, negro". "¡Que no, nada de nada!". "¿Y cómo te imaginas los colores?". "No los imagino, nunca los he visto; sería como preguntar a un sordo cómo se imagina la 9ª de Beethoven".
C.- "¿Y cómo vas sola a los sitios? ¿Por qué no te acompaña nadie? ¡Qué pena!".
D.- "¿Qué número salió ayer?". Te ven ciega y presuponen que eres vendedora de lotería de la ONCE. Si les digo que estoy trabajando, ni preguntan: el único trabajo concebible para un ciego, según ellos, es ése. Luego se llevan un chasco cuando les indico que soy profesora... "¿Pero de niños... hm, normales?". "No: mis alumnos ven, mas lo de "normales" tendríamos que hablarlo..."
Me despido con otro caso real; aunque parezca increíble, así ocurrió:
Iba por la calle y rocé la pierna de una señora con el bastón, un mero toque. Le pedí disculpas, cuando tenía que haberlo hecho ella por haberse interpuesto en mi camino; me está viendo, yo a ella no. "Nos van a matar -exclamó-: los ciegos, los cojos y los mancos". Me quedé tan sorprendida que no reaccioné, no le dije que más nos iban a matar los nazis estúpidos descerebrados como ella.
Moraleja: si alguna vez se encuentran con un ciego, actúen por favor con la máxima naturalidad; déjense llevar por el sentido común. Gracias.
miércoles, 6 de junio de 2012
Die deutsche Sprache und ich: cómo aprendí alemán

En este artículo, escrito hace unos meses para una revista alemana de ciegos, aclaro mis peripecias con la hermosa lengua de Goethe.
((Rubrik))
Thema
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Die deutsche Sprache und ich
Es gibt Menschen, die sind in ein Land hineingeboren worden, in das sie vielleicht gar nicht gehören. Rocío Sánchez ist so ein Mensch. Sie ist Spanierin, ihr Herz schlägt aber für Deutschland. Als sie dies für sich entdeckt, kann sie nichts davon abhalten, Deutsch zu lernen – nicht einmal eine alte Punktschrift-Grammatik aus der Franco-Zeit.
((Text))
Immer schon war die deutsche Sprache etwas Besonderes für mich. Der Grund ist ganz einfach: Ich liebe klassische Musik, vor allem Bach. Deshalb bin ich stets in Kontakt mit deutschen Texten gewesen, etwa mit Kantaten- oder Oratorientexten. Die Entscheidung, mich ernsthaft mit der Sprache der Dichter und Denker zu beschäftigen, fiel 2003, als mir meine Tante ein herrliches Geschenk machte: eine Woche Österreich. Wir reisten mit einer Gruppe; es war also nicht nötig, Deutsch zu sprechen, aber gerade das wollte ich. Es blieb mir ein Monat bis zu unserer Reise, ich hatte also wenig Zeit.
Ich lieh mir beim spanischen Blindenverband eine Grammatik in Punktschrift aus, die einzige, die Erklärungen auf Spanisch enthielt. Sie war sehr gut, systematisch, mit vielen Regeln, hatte aber einen Haken: Sie war von 1944 und nutzte Strukturen, die nicht mehr verwendet wurden. Außerdem war sie politisch geprägt – mit Kriegsvokabular und Gedanken der katholischen Moral: „Die Verräter müssen erschossen werden." – „Seid immer eingedenk eurer Pflichten gegenüber Gott und dem Vaterlande." – „Wer ist des Weges kundig?" – „Der Alkohol ist dem Körper und der Seele schädlich." Da ich die Grammatik zurückgeben musste, notierte ich fieberhaft die Erklärungen jeder Lektion und all die Vokabellisten. In der Nacht träumte ich von Andreas Hofer, Held im lieben Land Tirol, der nach Mantua entführt wurde, von tapferen Soldaten und Feinden, die sterben sollten …
Meine Familie und Freunde waren vollkommen überrascht, dass ich Deutsch lernen wollte, und meinten, es sei zu spät: „Die Sprache ist kompliziert. Hättest du als Kind damit angefangen ..." Ich ließ mich entmutigen und dachte, dass ich nie fähig sein würde, diese Sprache zu lernen. Doch plötzlich wandelte sich die Frustration in neue Energie: Warum nicht? Ich lernte noch fleißiger und hörte die Deutsche Welle mit einem Kurzwellenempfänger – damals hatte ich noch keine Internetverbindung.
Bei unserer Reise nach Österreich konnte ich viel verstehen und – was für mich am erstaunlichsten war – die Leute verstanden auch mich. Einige meinten sogar, mein Deutsch sei gut – ein nettes Kompliment! Es war das erste Mal, dass ich ein deutschsprachiges Land besuchte und es war für mich wie eine Offenbarung: Alles, was ich liebte, alles, wovon ich geträumt hatte, existierte tatsächlich: die Musikleidenschaft, die gebildeten Leute, sehr freundlich und mit exquisiten Manieren, der Bürgersinn ... Und klar, auch die Schönheit der Landschaften. Mozarts Heimat zog mich in ihren Bann.
Am Tag meiner Rückkehr nach Andalusien stand für mich fest, dass ich mit dem Lernen der Sprache weitermachen würde. Ich wollte es auch aus Liebe tun, als eine Art von Dankbarkeit an ein so herrliches Land, an so nette Leute. „Je mehr ich lerne, desto besser kann ich mit ihnen kommunizieren", dachte ich.
Ein paar Monate später belegte ich einen Kurs am Goethe-Institut in Granada. Man war überrascht: Einerseits hatte ich einen großen Wortschatz und gute Grammatik-Kenntnisse, andererseits nutzte ich zu gehobene oder veraltete Strukturen. Meine Lehrer sagten immer: „Das ist altmodisch! So etwas schrieb Goethe! Du musst dich modernisieren!"
Im Jahr 2005 fing ich an, Übersetzen und Dolmetschen zu studieren. Ich arbeitete schon seit 2004 als Musiklehrerin, doch nachmittags und abends besuchte ich nun die Universität. Die Lehrer waren sehr verständnisvoll und hilfsbereit. Am meisten half mir das Internet: Ich konnte deutsche Texte lesen, Radio hören und Freundschaften schließen. Bald ging ich wieder auf Reisen, diesmal nach Deutschland und in die Schweiz. Mein Eindruck von Österreich bestätigte sich und ich verliebte mich regelrecht in diese Länder, in „meine" Länder, wie ich seitdem sage.
Ende 2007 unternahm ich meine erste Musikreise, die mit dem Tölzer Knabenchor zu tun hat. Ich bin eine große Bewunderin dieses Chores und stehe dank Internet mit einer Fangruppe in Kontakt. Ich habe Konzerte in Bad Tölz, München,Irsee und Stams besucht – für mich außergewöhnliche Erlebnisse. Mit den Fans habe ich Freundschaften geschlossen, obwohl wir uns nur ein- oder zweimal pro Jahr sehen. Wir halten den Kontakt per Mail.
Ich kann also sagen, dass dieser Moment im August 2003, als ich die Entscheidung traf, Deutsch zu lernen, mein ganzes Leben verändert hat: neue Freundschaften, neue Kenntnisse von anderen Ländern und folglich eine neue Weltanschauung, neue Ziele und Träume. Wer weiß, ob ich irgendwann für immer in Deutschland leben kann!?
((Autorin))
Rocío Sánchez (32) ist von Geburt an blind und lebt in Granada, Spanien. Sie arbeitet als Musiklehrerin und hat Hispanistik und Übersetzen / Dolmetschen studiert.
((BU))
Möchte am liebsten in Deutschland leben: Rocío Sánchez, spanischer Fan des Tölzer Knabenchores
Andere Links:
lunes, 4 de junio de 2012
Programa televisivo dedicado a las tiflotecnologías

El espacio Redes de ayer estuvo dedicado a las tiflotecnologías.
Eduard Punset entrevistó a Mª Jesús Varela, directora del CIDAT, y se vio el uso de diferentes aplicaciones y aparatos específicos para ciegos: detector de colores, IPhone con Línea Braille, revisores de pantalla, etc.
Una maravilla que piensen en nosotros en el ente público RTVE, pero que empiecen por hacer la web más accesible. :-)
jueves, 24 de mayo de 2012
Blancanieves y los siete pecados capitales
Siempre he admirado a Les Luthiers, son auténticos genios en todos los aspectos. Su humor es inteligentísimo, sutil, rico en juegos de palabra y equívocos. Además construyen instrumentos inverosímiles que encima suenan bien. Parodian todo tipo de ´género musical, desde los madrigales renacentistas hasta las chacareras. Una pena que ya anden "viejésimos"... Los he visto en directo tres veces, en Sevilla. ¡Ay, cuánto me reí! Cierto que el bromato de armonio constituye el mejor medicamento contra las depresiones. Lo que echo de menos ahora es el empleo de instrumentos informales y las finas parodias de música clásica, como la Cantata Laxatón: ¡qué punto! Claro, antes tenían a su disposición coro y orquesta; también imagino que eso es más fácil de grabar, pero más complejo de llevar a un espectáculo.
Os presento una actuación no muy conocida, de 1969: "Blancanieves y los siete pecados capitales". Si se ve además de oírse, estarán jovencísimos. :-) Aparece la esposa de Daniel, no sé si es la que hace de Blancanieves o la madrastra. Bueno, igual es la hermana.
Aquí se parodian entre otras cosas los psicoanalistas, tan comunes por Argentina; los concursos chorra de televisión; los partidos de fútbol; los corales de Bach; la música folklórica rusa; los cantos gauchescos... Ya veréis. Os mando un enlace a cada pecado.
1. La pereza.
2. La envidia.
3. La soberbia.
4. La ira.
5. La avaricia.
6. La lujuria.
7. La gula.
Si os habéis quedado con ganas de Les Luthiers, en Youtube hay para aburrir.
Os presento una actuación no muy conocida, de 1969: "Blancanieves y los siete pecados capitales". Si se ve además de oírse, estarán jovencísimos. :-) Aparece la esposa de Daniel, no sé si es la que hace de Blancanieves o la madrastra. Bueno, igual es la hermana.
Aquí se parodian entre otras cosas los psicoanalistas, tan comunes por Argentina; los concursos chorra de televisión; los partidos de fútbol; los corales de Bach; la música folklórica rusa; los cantos gauchescos... Ya veréis. Os mando un enlace a cada pecado.
1. La pereza.
2. La envidia.
3. La soberbia.
4. La ira.
5. La avaricia.
6. La lujuria.
7. La gula.
Si os habéis quedado con ganas de Les Luthiers, en Youtube hay para aburrir.
viernes, 4 de mayo de 2012
Depresión II: cómo salir.
En la entrada anterior traté de describir una mente enferma de depresión y apunté que todo se supera, mas no di pautas para alcanzar esta superación. Indicaré algunas, aunque no todas vayan a servir a todo el mundo; los procesos depresivos son tan diversos como los seres que los padecen. Además cada persona tiene sus condicionantes, su historia previa, sus cambios hormonales... En fin, comencemos:
Ante todo, el paciente ha de reconocer el problema; ha de saber que tiene depresión. Es importante que eso se comprenda en su ambiente cercano: familiares, amigos... Como dijimos en el artículo anterior, esta enfermedad está muy estigmatizada y es muy incomprendida... Por eso nuestro deprimido hipotético ha de verse rodeado de apoyo, de paciencia. No lo culpemos nunca por lo que padece, no lo instemos a esforzarse por estar bien apelando a su familia que sufre o a su vida que se esfuma... ¡Es muy dañino! Con ello damos a entender que si está mal es sólo porque él quiere y que puede mejorar a voluntad, pero no lo hace por flojera. ¿Imagináis esa actitud ante una hepatitis, una neumonía o una gastrointeritis? Ridículo, ¿verdad? Aquí es lo mismo. Hemos de respetar también su silencio, su desgana, aunque poco a poco podemos tratar de que salga de sí mismo con determinadas actividades: dar un paseo, ayudar en alguna tarea doméstica, etc.
Ha de ponerse en manos de profesionales, como ante cualquier otra dolencia. En este caso, los especialistas son los psiquiatras y los psicólogos. Se recomienda una terapia combinada de ambos. No estigmaticéis los psicofármacos del mismo modo que no ponemos objeciones ante otros medicamentos: si nuestros niveles de serotonina andan bajos, habrán de ser aumentados; si padecemos insomnio, habrá que poner remedio químico...
Poco a poco hemos de tratar de que el paciente realice algunas actividades atendiendo a sus centros de interés. El deporte es muy bueno, el ejercicio físico en general; se liberan endorfinas. Además contribuye a que la persona tenga un proyecto, algo por lo que levantarse y salir... También ayudan actividades colectivas como el canto coral: sentirse parte de un grupo, hacer música entre todos... La audición individual sirve de poco, propicia la distracción y la vuelta a las ideas obsesivas. Igual ocurre con actividades de lectura, estudio... realizadas individualmente.
Cada día pueden practicarse ejercicios de respiración: tumbado en la cama o en algún otro lugar cómodo, el paciente tomará aire por ejemplo en cuatro segundos, asegurándose de que se trata de una respiración costodiafragmática. Luego lo retendrá otros cuatro segundos y lo expulsará en seis. Para evitar distracciones y evasión de la mente, puede contar los segundos, incluso en voz alta. Se puede repetir el ejercicio antes de dormir, y por la mañana antes de levantarse.
Pasear al aire libre es muy aconsejable; mejor por sitios tranquilos, por el campo... Nada de bullas, ruidos, prisas...
Poco a poco se intentará que el paciente recupere aquello con lo que antes disfrutaba; esto ha de ser muy paulatinamente, porque si lo forzamos se puede estresar y sentir más culpable. Imaginemos que amaba ir a conciertos de la orquesta X. Si lo llevamos en plena depresión, puede ocurrir que no lo disfrute y se fustigue a sí mismo por el hecho de que ha perdido esa capacidad, esa sensibilidad.
Tratemos de que, en lo posible, tenga un horario organizado; que las horas de levantarse, de acostarse, de lavarse sean más o menos las mismas. Vigilemos que no abandone su aseo y cuidado personal, que haga las comidas reglamentarias... Si vive solo, puede descontrolarse más porque nadie lo vigila.
Hagámosle ver que lo queremos, que confiamos en él, que estamos ahí siempre. Si tenéis más dudas o comentarios, planteadlos y trataré de responder en la medida de mis posibilidades.
Gracias y suerte.
´
lunes, 30 de abril de 2012
Depresión: cuando la mente enferma.
No, no tiene importancia; mañana habrá pasado. Además, los hechos lo justifican; pero un sueño reparador te curará. A todos nos ocurre eso de vez en cuando, no somos de piedra...
¿Qué sucede, por qué te afecta todo tanto? ¡Vamos, has superado cosas más duras! Eres fuerte... Hm, una mala racha. Y claro, si te hacen la vida imposible... Todo se arreglará cuando duermas mejor, el sueño es muy importante. Pero Morfeo no viene. Las horas transcurren largas, pesadas... Pasará, pasará.
Te hacen daño; son los otros: ¿por qué se comportan así? ¿Por qué se han propuesto destruirte? Buscas soluciones, un cambio... Barajas diversas hipótesis, has de huir de la situación estresante... ¿Hacia dónde dirigirse? ¿Qué hacer? Las alternativas no están al alcance, presentan inconvenientes... Giras y giras en la cama, te levantas, piensas... Mejor no pienses, no sirve de nada; pero no puedes evitarlo: ¿qué hacer? Olvidar, distraerse... No te concentras en nada, frenéticamente intentas trazar los inciertos derroteros de tu vida. ¿Qué harás, qué pasará, qué expectativas tienes, qué te deparará el destino? No te gusta. La culpa es de los otros, que quisieron amargarte... No, de los otros no; tuya; no eres capaz de resistir, te has equivocado, te has estafado con respecto a tu personalidad... ¿Quién eres realmente? Has vivido en un error; te han engañado, te has engañado. Ya no tiene remedio, estarás siempre así...
Anhedonia, abulia, monotonía, taedium vitae. Los días transcurren, las horas transcurren lentas, angustiosas; el tiempo va a la deriva. No hay esperanzas, no hay finalidad. La vida ha dejado de tener sentido, puesto que no puedes ser feliz ni hacer felices a quienes te rodean. Quieres morir..., ¿o no? La existencia oprime, la muerte aterra. Aunque rodeada de gente, de amigos que te quieren, te sientes sola, pues ellos nunca te comprenderán. Ellos se engañan creyendo que saldrás y tú sabes que eso no va a ocurrir, que la persona a la que conocieron no es la de ahora, que van a sufrir siempre por tu culpa. Sola, sola... Te sientes un lastre, una carga, una nulidad; no mereces nada... Buscas opciones, alternativas, pero no sirven porque no puedes huir de ti misma; tú eres el problema.
El sueño, el sueño... Dormir, desconectar, olvidar... Pero el sueño no viene. Te levantas una mañana más: ¿para qué? Transcurren las horas, los días... Tu infancia..., entonces eras feliz; ya no, ya no se puede. Niña, niña eterna, inocente, despreocupada... Ya no, es imposible. Leer, pasear, oír música... No, no puedes salir de ti misma; la idea fija no te abandona. Te dejas llevar a remolque por la vida. Todo pasa a tu alrededor sin que te inmute; la más absoluta indiferencia parece haberse adueñado de tu carácter. Egoísta, egoísta, sí, eso eres: insensible, mala... Evocas con nostalgia la candidez de la infancia, nunca regresará. Ya no puedes disfrutar de nada porque no lo mereces; porque lo has olvidado; porque tu ánimo no está preparado para ello, porque la idea fija no permite la más mínima evasión, porque el constante martillear de tu cerebro resulta la más horrenda de las torturas, porque, porque, porque... ¡No, no puedes: que se pare, que se pare, no quieres pensar! Te sientes vacía... Y el sueño sigue sin venir; no, ya no duermes, ya no desconectas, ya no tienes paz interior, ya no eres nadie, no eres nada, no, no, no, no... Morir, morir... Pero...
Te has vuelto fría, no eres capaz de expresar la más mínima emoción: ni llorar, ni reír, sólo la eterna angustia; la opresión. Ni la más sublime de las bellezas ni el más perverso de los horrores modifican ese estado pétreo. Sí, pareces emocionalmente muerta. ¿Vive aquél que ya no tiene ilusiones?
Pasan las semanas, los meses: ¿para qué? ¿Qué esperas de ellos? Todo igual, igual... Caminas de puntillas por la senda de tu destino sin decidir nada; no quieres: quieres esconderte, quieres bajarte del mundo... Pero es una trampa, porque ya decides que no decides; optas por el nihilismo, y más te odias. El mundo es demasiado complejo para ti, no estás preparada; no quieres luchar y admiras a los que tienen la fuerza de hacerlo, a los que se levantan día a día con nuevas ilusiones, a pesar de todos sus apuros. Ellos le ven sentido a la vida, ellos caen en la trampa y siguen jugando; Tú no, tú eres una cobarde, nunca podrás ser responsable de ti misma. Eres tu peor enemigo, tu verdugo: te detestas y estás obligada a convivir contigo misma. Tienes miedo: miedo de estar así, miedo de enloquecer, de enfermar, de tirar tu vida... Admiras a quienes se toleran, se quieren, se cuidan, a pesar de sus errores; tú no, tú ya no puedes. Y el sueño no viene: dormir, olvidar, desconectar, dejar de pensar... Pero no, no es posible, ya no, tú no, nunca; todo está perdido, no hay esperanzas; ya no, para ti no, no, no, no, no, no, no...
¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué alguien puede pasar así, repentinamente, de un estado de aceptación, de confianza, de relativa felicidad a otro de agonía, tortura, pesadilla? ¿Por qué a veces nos odiamos a nosotros mismos y ese odio resulta asfixiantemente insoportable? Alteraciones en los neurotransmisores, falta de serotonina, dopamina, trastornos en el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal... Somos química, aunque nos rebelemos; nos cuesta asumir que nuestros pensamientos se nos escapen, no dependan de nosotros y puedan regularse con psicofármacos. Es enigmático, en cualquier caso: una persona a la que se considera feliz, sin problemas, etc. puede recurrir de buenas a primeras al suicidio; o al menos, para no ser tan drásticos, sumergirse en la ciénaga de la tristeza. Nos cuesta ver la depresión como una enfermedad más, nos culpamos por padecerla; pensamos que ya no vamos a salir... Además, los pacientes con depresión no son tomados muy en serio por el resto de la sociedad, ¡qué se le va a hacer!Por más que sea la plaga del siglo XXI, no goza aún de consideración y respeto. "No te entiendo": ¿a cuántos deprimidos les cayó cual pesada losa tal acusación? O bien: "eres un egoísta, tú que no tienes ningún problema; tendrías que vivir en el tercer mundo...". Sí: los amigos y allegados a veces dañan, aunque su intención sea la mejor. Hay que tener mucho, mucho, muchísimo cuidado, muchísimo tacto. Sé que eso es difícil, dificilísimo. Quienes viven junto a un depresivo ven día a día, impotentes, cómo se degrada, cómo parece no evolucionar, no escuchar; cómo lo que le aconsejamos parece caer en saco roto... Mas lo importante es no perder los nervios, algún día todo volverá a su cauce. Estos pacientes piden principalmente que se los escuche, aunque digan a todas horas lo mismo. Quieren hablar, por más que lo que expresen nos parezcan incongruencias. Otros no son capaces de exteriorizar nada y caen en el mutismo, ya depende del caso. Cualquiera que sea su actitud, es importante que entiendan que estamos con ellos, que los queremos, que confiamos en sus posibilidades y que los aceptamos tal como son, que no han dejado de valer o de servir porque estén mal... Han de comprender que no han cambiado, que no se ha roto nada en ellos, que resurgirán y se harán más fuertes. No os asustéis: en muchos puede latir la idea del suicidio, aunque no la expresen. Por fortuna, esto suele quedarse en idea -excepción hecha del porcentaje pertinente-. Claro que es duro tratar tales temas con familiares y amigos, así que muchos no lo mencionarán; pero, de hacerlo, no los ridiculicéis; no les hagáis entrever falta de comprensión; no reaccionéis violentamente. Escuchadlos, permitidles vaciarse ante vosotros porque ya han hecho un gran esfuerzo al manifestar los pensamientos de sus más temidos demonios. Decidles luego que aguarden, comportaos un poco como Sheresade ante el sultán: "Eso lo puedes hacer más tarde: ¿por qué no esperas? De todas formas, la muerte es el fin natural y vamos a permanecer toda la eternidad así...". Siempre me vendrá a la memoria aquella señora que disuade a su compañera de infortunios en Auschwitz de arrojarse contra la valla electrificada con el siguiente argumento incontrovertible: "Si te mueres, nunca sabrás el final".
Concluyo estas líneas deseando tanto a depresivos como a familiares mucha suerte y mucha paciencia. Todo pasa, todo ha de pasar.
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