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martes, 24 de julio de 2012

En el estudio de grabación


Esto ocurrió a finales de noviembre, pero lo plasmo ahora. ¡Sí, intervine en la grabación de un disco! Fue con el recientemente desaparecido Coro de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada. Fue una experiencia maravillosa, dos fines de semana intensivos encerrados en el Colegio Máximo de Cartuja. Por aquella época se gestaba la depresión que luego me haría sufrir lo indecible durante siete meses: ya dormía poco; experimentaba gran incertidumbre, desarraigo y los usuales complejos de culpa; pero ésa es otra historia. Lo menciono sólo porque el trabajo con el coro me mantuvo tremendamente distraída y me permitió no pensar, al menos durante ese tiempo: un pequeño respiro. Por ello no me cansé a pesar de las repeticiones de cada toma, de los imprevistos (tuvimos que parar por la lluvia y por un palomo en el tejado), del agotamiento... Inconscientemente pedía más y más disciplina: quería volverme un autómata sin conciencia y sentimientos... Bueno, a decir verdad fui capaz de emocionarme entonces, aún no se había apoderado de mí la anhedonia; en fin, un poco sí, no voy a mentir, pero algo me permitía.
"Toma 1", "toma 2", "toma 3", "toma N". "Completo". EN los descansos nos sentábamos en colchonetas colocadas allí ad hoc o tomábamos café y comíamos plátanos o galletitas; no mucho, la voz podría dañarse. Aún no me explico cómo me mantuve en pie con lo poquísimo que dormía. El sábado estuvimos allí ocho horas, si no recuerdo mal. El domingo por la mañana fue más fácil, porque tocó el turno a las partes instrumentales y con solistas. Por la tarde seguimos grabando, y luego el sábado siguiente y la mañana del domingo. Cuando terminamos me invadió la necesidad de llorar: ¿a qué podía agarrarme a partir de entonces? Efectivamente: fueron los últimos momentos de alegría en mucho tiempo, aunque entonces yo no lo supiera.
Incluyo un fragmentito de nuestro disco:
Y ahora algunos vídeos, de mayo:
¡Muchísimas gracias, J. Palomares!

miércoles, 11 de julio de 2012

Don Mariano





Hoy me entero nuevamente de que voy a ser un poco más pobre. Todo por culpa de la torpeza, la impericia y la desvergüenza de muchos. Nos piden sacrificio mientras ellos CAMPAN a sus anchas; con ellos no se meten porque no pueden controlar dónde guardan su dinerito: en paraísos fiscales. La economía sumergida no la atacan... Y los honrados ciudadanos, a apechar: ¡siempre lo mismo! Parecen instarnos a que nos volvamos ladrones sin escrúpulos. Pues no, señores: seguiré siendo honrada, pero igual emigro; este deseo es cada vez más acuciante: entre la sequía cultural y la asfixia de la crisis, de la mala gestión... Bueno, y el calor del verano.

Este plan sería ideal: vivir en Baviera con derechos alemanes, pero percibir un sueldo sueco y pagar impuestos nigerianos: ¿os apuntáis?


Fdo.: una española desengañada.

martes, 3 de julio de 2012

¡Grandioso Ludwig van!



Un año más, Granada respira música; nueva cita con el Festival de Música y Danza. Ya he presenciado un concierto, del Huelgas Ensemble, y esta semana disfrutaré de uno por día: ¡increíble!
Ayer, en la Plaza de las Pasiegas, la Joven Orquesta del Bicentenario nos obsequió con la obertura del Sueño de una Noche de Verano de Mendelssohn y la 3ª sinfonía de Beethoven. Por fortuna el ambiente era fresco: corría una brisa agradable que nos acariciaba el rostro al par que la música hacía otro tanto a nuestros oídos.
Siempre me asombrará pensar que Mendelssohn escribiera aquella obertura con sólo 17 años. Felix fue un niño prodigio y tuvo el privilegio de vivir en una familia acomodada que le permitió disfrutar de su propia orquesta siendo muy joven, además de codearse con personalidades como Goethe ya a los 12 años. Murió a los 38: ¡otra brillante carrera sesgada! No olvidemos que fue el principal impulsor de la recuperación de la obra de Bach.
Desde pequeña he adorado a Beethoven, por supuesto, pero nunca hasta ayer me habló tan de cerca; ignoro el motivo. Nuevamente me alegré de que borrara la dedicatoria a la Sinfonía Heroica: Napoleón no era en aabsoluto merecedor de tal genialidad, máxime teniendo en cuenta su afirmación de que "la música es el menos molesto de los ruidos".
Ayer me asombraba a cada momento de la audición del hecho de que haya personas que oigan esta obra y les resulte todo igual... ¡Con la de cosas que ocurren! Yo, en cambio, le decía a Ludwig van interiormente que fuese más despacio: "¡espera, espera, tengo que irlo digiriendo poco a poco!". Más de dos siglos después, Beethoven seguía hablándonos directamente al corazón. Por desgracia, el encanto se rompía tras cada movimiento, con los inoportunos aplausos del respetable. ¡Oh, qué bello el fugato del 2º, qué influencia de Bach! Y el Scherzo con sus trompas, y el vibrante Finale... Yo pensaba todo el tiempo: "¡grandioso, grandioso!". Como es natural, conozco muy bien la sinfonía, pero jamás hasta ayer me había conmovido tantísimo. Tuve los ojos brillantes casi todo el rato y permanecí, por así decirlo, en comunión con el gran genio, en conversación íntima. ¡Gracias, gracias!
Los músicos recibieron una calurosa ovación. Su interpretación fue vibrante, enérgica, llena de vida y entusiasmo.
Esta noche toca otro concierto al aire libre. Granadinos, ¡pasaos por allí!

sábado, 30 de junio de 2012

Gennet Corcuera: todo un ejemplo



El mundo en las manos.
Gennet Corcuera, de 31 años, es la primera sordociega española en finalizar estudios universitarios; bueno, también fue la primera en ingresar a la Universidad, con media de 7,28.


Gennet es etíope. Cuando contaba dos años de edad fue abandonada por sus padres en un orfanato de monjas, donde era la única sordociega. Obviamente no podía comunicarse con nadie ni entendía lo que ocurría a su alrededor, pero percibía "cosas malas" de un país "con mucha pobreza, guerras y poca comida". Hubo de afrontar varias enfermedades y sufrió mucho. Por fortuna, el milagro ocurrió: la señora Fernández-de la Reguera, que efectuaba labores diplomáticas, convenció a las monjas para que la dejaran adoptar a la pequeña, que a la sazón tenía siete años. La trajo a Madrid y allí ingresó en el colegio de la ONCE Antonio Vicente Mosquete. Para el Bachillerato, sin embargo, optó por la educación integrada, concretamente lo cursó en el Instituto Leandro Fernández Moratín de Pastrana (Guadalajara). Al principio tuvo mucho miedo y el segundo curso incluso se planteó "dejarlo todo". "Tuve que dividir los cursos en dos, recibía clases de apoyo de los profesores por la tarde. Estaba cansadísima, pero la ONCE me pidió por favor que continuara". Y puso tanto empeño que obtuvo una media más que buena.

Ha cursado Magisterio de Educación Especial y hoy podemos felicitarla por ser la primera persona SORDOCIEGA en España que obtiene una titulación universitaria. En los informativos de TVE ha confesado que tiene muchos proyectos como educadora: confiemos en que pueda cumplirlos y en que en la Administración, donde abundan los sordociegos (y de los peores, pues no quieren ver ni oír), no le hagan la vida imposible. ¡Ánimo, Gennet, estamos contigo! Nos enorgullece que existas; nos llena de esperanza y nos hace cobrar fuerzas para luchar por nuestros sueños e ideales, por un mundo mejor. Tú nos recuerdas constantemente que es posible, siempre que nos empeñemos en ello y lo hagamos con el corazón.


Su referente: Helen Keller.


Seguro que habéis visto "el milagro de Anne Sullivan". Esta película se basa en los primeros años de la vida de Helen Keller (1880 - 1968), escritora, activista y oradora sordociega, la primera en el mundo en obtener una licenciatura universitaria (se graduó "con honores" en la Universidad de Radcliffe).

Como Helen, Gennet sabe muy bien que su destino es luchar y que tendrá que esforzarse muchísimo para conseguir metas asequibles al común de los mortales; pero no se amedrenta, y ahora somos nosotros quienes le pedimos por favor que continúe: ¡bravo, Gennet, y gracias!


martes, 19 de junio de 2012

Mi crítica literaria para "Historias de papel".

En este espacio del suplemento literario autonómico de RNE leen mi recomendación literaria. La carta comienza aparentemente de forma extraña, pero fue porque no leyeron el asunto: "mi último libro". Me llevó a bromear con que, evidentemente, no era mío, no me había metido a escritora de golpe...
 

lunes, 18 de junio de 2012

Interesante documental

Ojos biónicos, implantes cocleares, manos protésicas... La tecnología suaviza barreras.
 
 

lunes, 11 de junio de 2012

¡No se dirigen a los ciegos!



Esta mañana fui al oftalmólogo. Lo que voy a relatar no me sorprende, de tan habituada como estoy a ello, por más que tal actitud carezca de sentido común. La médico, buena profesional por otra parte, no se dirigió a mí en ningún momento. Como entré con mi madre, le hablaba a ella:
"¿qué tratamiento está siguiendo?". Yo le respondía. "¿Pero a ella la ven aquí o en Granada?". Volvía a responder yo, y así sucesivamente. Sólo me habló directamente en una ocasión, para pedirme que mirara hacia arriba: muy lúcido, sí, señora; ¿no sabe un oftalmólogo que los ciegos no controlamos los movimientos del globo ocular?



En las tiendas de ropa suele sucederme otro tanto cuando voy acompañada: "¿Y ella qué talla usa?". "¿Bueno, qué tal le queda?". Yo me siento como un maniquí o una modelo en su desfile.


Mi padre justifica este comportamiento por el hecho de que los ciegos desconcertamos a nuestros interlocutores al no mirarlos a los ojos; pero es que, precisamente, ¡somos ciegos! He conocido a muchos que nunca se habían relacionado con personas privadas de visión y que, a pesar de ello, me han tratado con la máxima exquisitez. Por eso opino que se debe a una falta de educación, de cultura... Como cuando alguien tiene que dirigirse a otra persona por medio de un intérprete y no mira a su interlocutor, sino al mediador.

Aprovecho, ya que estamos, para denunciar algunas torpezas más en que caen los videntes; no, no los que leen las cartas, que también se sorprenden muchos ante el término "vidente".


Caso 1. Voy por la calle, perdida, desesperada. Doy veinte vueltas en un sitio porque no me ubico; alguien me ve, lo observa todo y no actúa. A la media hora me acerco porque noto la presencia de algún peatón; me dirijo a él. Respuesta: "Sí, llevo viéndote un rato pero no me he acercado porque una vez quise ayudar a un ciego y le sentó mal". Sé que es mentira, la excusa para no acercarse. Esto tiene una variante: "[...] porque no quiero que te sientas ofendida si te ayudo". ¡Madre mía! ¿Pues no me está usted viendo solicitar a gritos esa asistencia?


Caso 2. En cualquier escenario; de golpe se acerca alguien y proclama bien alto, para que todos lo oigan: "¡Ay, qué lástima! Con lo joven que es... ¿Cómo permite Dios esas cosas?". Señora -suelen ser mujeres-: si le da lástima, lo normal es que se lo guarde para usted misma, ¿no? ¿O acaso le gustaría que yo hiciera partícipe a quien quisiera oírlo que me apenan su vejez, su falta de cultura, su fracaso vital?


Caso 3. Te ayudan a cruzar o a encontrar una dirección y ya aprovechan para darte sabios consejos: "¿tú por qué no tienes un perro?". Respondes que no te gusta, que conlleva muchas implicaciones, que prefieres el bastón... "Pues un perro te ayudaría mucho, te llevaría a los sitios...". Alma de cántaros, el perro no viene con GPS incorporado.


Caso 4. Ante un semáforo sin indicador acústico. No te fías, muchas veces la gente cruza en rojo; así que, lo de seguir al personal... Aguardas y aguardas, a veces derritiéndote bajo el inclemente sol. Los peatones pasan, no dicen nada; no sabes si están cruzando en rojo o en verde... Al final llega uno con las palabras que más feliz te hacen en todo el día: "Está en verde".


Caso 5. Alguien te ayuda a cruzar o te acompaña en un tramito determinado, pero... ¡Oh, fatalidad! Te agarra el bastón, por el extremo. Y tú detrás, sintiéndote como un perrillo con correa... Un día voy a llevar vendas en el bolso para tapar los ojos a quien me haga tal desaguisado.


Caso 6. Vas andando por la acera y de pronto se ha formado un muro de gente que te impide el paso. "Disculpen, por favor...". No se apartan, no se apartan...


Caso 6.B.: vas caminando y la gente se topa con tu bastón, algunas señoras incluso llegan a caerse. El otro día fue una al suelo. Me acerqué preocupada para inquirir si se encontraba bien; no me contestó, estoy habituada a ello. Llegó otro señor, a él sí le habló: "Quise esquivarla y me metió el bastón entre las piernas". Digo yo que podrían darme un poco de visión, ellos no la usan.


Caso 7. Estás perdida, oyes a un grupo de gente. Te acercas: "Por favor, ¿podrían indicarme...?". La reunión, que antes hablaba animadamente, se calla. "¡Gracias!" -exclamas con ironía y pasas de largo; entonces reanudan su conversación. Señores, soy ciega, pero no tonta.


Caso 8. Una conversación. "Ayer vi en la tele... Ay, perdón". Señora, que yo utilizo el verbo "ver" con la misma naturalidad que usted. Aunque es cierto: por ver la mierda que nos pone la televisión en España hay que disculparse eternamente.


Caso 9. "Como tú no me puedes ver, tócame la cara, así te haces una imagen". Bueno, si me lo dice un chaval apuesto siempre se podría sacar partido.

Típicas preguntas a ciegos.


A.- Y si no ves, ¿cómo sueñas? ¡Madre mía! Yo es que ni siquiera imaginaba que a la gente se le plantease esa duda.


B.- "Entonces, si no ves, lo ves todo negro". "No, no veo nada". "Ea, negro". "¡Que no, nada de nada!". "¿Y cómo te imaginas los colores?". "No los imagino, nunca los he visto; sería como preguntar a un sordo cómo se imagina la 9ª de Beethoven".


C.- "¿Y cómo vas sola a los sitios? ¿Por qué no te acompaña nadie? ¡Qué pena!".


D.- "¿Qué número salió ayer?". Te ven ciega y presuponen que eres vendedora de lotería de la ONCE. Si les digo que estoy trabajando, ni preguntan: el único trabajo concebible para un ciego, según ellos, es ése. Luego se llevan un chasco cuando les indico que soy profesora... "¿Pero de niños... hm, normales?". "No: mis alumnos ven, mas lo de "normales" tendríamos que hablarlo..."


Me despido con otro caso real; aunque parezca increíble, así ocurrió:


Iba por la calle y rocé la pierna de una señora con el bastón, un mero toque. Le pedí disculpas, cuando tenía que haberlo hecho ella por haberse interpuesto en mi camino; me está viendo, yo a ella no. "Nos van a matar -exclamó-: los ciegos, los cojos y los mancos". Me quedé tan sorprendida que no reaccioné, no le dije que más nos iban a matar los nazis estúpidos descerebrados como ella.


Moraleja: si alguna vez se encuentran con un ciego, actúen por favor con la máxima naturalidad; déjense llevar por el sentido común. Gracias.