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martes, 24 de enero de 2017

Vivaldi y Haendel con el Coro de la Sociedad Musical de Sevilla.

Ver crítica en el Diario de Sevilla.




 
En octubre comenzamos los ensayos de esta producción; algo para mí emocionante, pues el Gloria de Vivaldi lo conozco desde que era pequeña (a los 13 años canté en la asignatura de Coro el Domine Fili Unigenite) y el Dixit Dominus de Haendel lo escuché por primera vez en 2006 en unas circunstancias muy especiales: en la catedral de Freiburg (Alemania) con su coro de niños. Me impresionó la gran dificultad y el estilo no habitual, pues el compositor sajón aún no se había establecido en Inglaterra y estaba definiendo su personalidad artística. ¿Cómo pudo componer algo así tratándose de un veinteañero?




Contamos con un reducido conjunto instrumental (al contrabajo, José Luis Sosa, lo conocí en los cursos de música antigua de Galaroza; es el hermano del organizador) y nos dirigió Raul Moncada, venido expresamente desde Cuernavaca (México). Raúl interpretó también el órgano en algunos números. Es muy inteligente, dinámico y pleno de humor, y ha sabido extraer lo mejor de nosotros. Me encantaron sus tempi y los contrastes dinámicos, así como la fuerza, la energía, la insistencia en declamar el texto como si habláramos, teniendo presente siempre lo que se está queriendo decir.




Los solistas fueron Rocío de Frutos y Gabriel Díaz. A rocío la vi por vez primera este verano, me impartió unas clases de canto histórico. Es increíblemente buena, no sé cómo se la conoce tan poco en general. Ella proviene del extinto Coro Barroco de Andalucía y canta a menudo con Raúl Mallavibarrena.

Gabriel es nuestro director, y su voz de contratenor me emociona hasta límites insospechados. En el Domine Deus, del Gloria, donde hay alternancia entre coro y solistas, a veces estaba tan eclipsada oyéndolo que casi olvidaba que tenía que cantar. ¡Qué buen gusto en la ornamentación!



Hace unos meses no hubiera podido imaginar que iba a ser capaz de aprender estas piezas sin partitura, directamente de los discos y los ensayos, estudiando apenas. Menos mal, porque si he de esperar a que me transcriban las obras, las recibo dos meses después. No estoy criticando a la ONCE, que conste; muy al contrario: mi agradecimiento es inmenso. Lo que ocurre es que no hay tiempo material, porque no soy la única usuaria (por suerte) y las partituras han de ser transcritas a mano. ¡Gracias, Manuel Cepero!




Siempre me conmueve este canto colectivo; formar parte del todo armónico y sentirme necesaria en mi insignificancia; indispensable al par que minúscula. Como las neuronas que constituyen redes y transmiten millones y millones de bits de información por segundo, en virtud de lo cual estoy ahora aquí, escribiendo. Un estudio publicado en 2013 por "Frontiers in Psychology" sostiene que las personas que cantan juntas se sincronizan: respiración, ritmo cardiaco... El efecto de entonar notas largas en comunión con los otros produce sensación de bienestar, relajación; algo bueno a todas luces. La música, a su vez, potencia la ación de los neurotransmisores y estimula el nucleus accumbens (centro del placer y recompensa del cerebro). Sería como una droga, pero sin efectos secundarios: ¡al revvés! ¡Todo son ventajas! ¿Qué más se puede pedir, entonces?
¡gracias, muchas gracias, queridos compañeros! Ahora os abrazaría a todos, un abrazo virtual que abarque la totalidad del conjunto; un apretón sincrónico de axones.
CANTEMUS ET EXULTEMUs!

2 comentarios:

  1. La música amansa a las fieras jaja, o eso se suele decir... algo tiene, está claro, que nos hace ver las cosas de otra manera. Gracias de nuevo Rocío por compartirnos cosas tan maravillosas como estas.

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  2. Uno de los recuerdos más gratos de mi niñez, es mi estancia en el coro parroquial. Cuanto empeño poníamos la chiquillería y cuanta la paciencia de don Antinio por educar nuestas voces y nuestros oídos!
    Pues sí Rocío, comparto lo que dices en tu lindo relato y me alegra saber que sientes tanto entusiasmo y felicidad al cantar en coros y sobretodo me alegra que lo hagas consciete y lo expreses con agradecimiento. En muchas ocasiones se nos pasan inadvertidos los momentos más sublimes de la vida cotidiana y es necesario darse cuenta, o que otros, como tú, lo señalen con la precisión y belleza que sabes hacerlo.
    Gracias por traerme este recuerdo tan placentero.

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