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martes, 7 de marzo de 2017

Queremos etiquetado en Braille para los máximos productos posibles.




 

El otro día iba a tomar un vaso de leche. Abrí el cartón y resultó ser caldo de pollo. "Bueno, esta noche toca sopa".
A media mañana quise zumo de naranja, pero abrí uno de piña. ¿Me voy a por el de naranja y mantengo los dos en uso, o me resigno?
Por la noche decidí cenar algo ligerito: un envase de arroz para cocer al microondas acompañando a un trozo de pez espada a la plancha. El contenedor resultó ser de calamares en su tinta, que no casaban muy bien con el filete.

Muchas de estas eventualidades podrían evitarse con un correcto etiquetado en Braille de los productos. He visto en el Coop de Inglaterra que casi todos los preparados alimenticios frescos lo tienen, y los postres, y algunos cosméticos. No creo, pues, que resulte tan difícil una legislación al respecto, como la de los medicamentos: ¡imaginaos el trastorno y los riesgos para la salud si no dispusiéramos de la ventaja del rotulado!

 
Si queréis, podéis sumaros a la campaña que recoge firmas para que la propuesta se lleve a debate en la Oficina Española del Parlamento Europeo:
Change.org: por una legislación que obligue al etiquetado de productos en Braille
Con demasiada frecuencia no se piensa en las necesidades de los ciegos. Aquí en españa es usual que nuestras peticiones las deriven a la ONCE, y así el gobierno se implica poco. He comprobado en otros países que se ocupan más de la accesibilidad en ciudades: medios de transporte con megafonía operativa, semáforos acústicos, mapas y maquetas en Braille en las calles, museos con información en nuestro sistema de lectoescritura y reproducciones en relieve, etiquetado en productos, etc.
Por favor: ¡imitemos a nuestros vecinos de Europa! ¡Ayúdenme! Los ciegos también contamos.
Muchas gracias por vuestro interés y vuestra immplicación.

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