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lunes, 16 de mayo de 2016

¡Fin de fiesta!




La coda de mi taller merece más que un comentario:

Empezamos a trabajar a las diez y media y hasta las doce ensayamos rápidamente y del tirón los 11 motetes. Como no establecimos un orden, mi búsqueda de la partitura correspondiente en cada momento fue toda una odisea: cuadernitos por aquí, cuadernitos por allá, el suelo lleno de papeles, Raúl iniciando cuando todavía no había encontrado nada; quaero, quaero, et non invenio, et non invenio, et non invenio, pietatem, pietatem, pietatem! ..., pero bueno, yo cantaba de memoria, hasta que... ¡Eureka!
El concierto salió mucho mejor de lo que yo esperaba. Significó una hora de atención suma, pues había de aguzar el oído para captarlo todo: cuándo entrábamos, cuándo concluíamos, cuándo y cómo interpretar la dinámica y la agógica... Ver con los oídos, en definitiva, y estar pendiente de las notas, del texto..., aunque ahí la memoria me ayudó. Dos partituras las canté absolutamente sin nada: "Magi viderunt stellam" y "Versa est in luctum"; la primera porque la conocía ya de antes y la segunda porque no me había llegado. . Para ésta última me metí en el papel del pobre Job: alguien que no sabe cómo complacer a su dios, que hace lo posible e imposible, y el padre quiere probar obstinadamente su fe y lo somete a toda clase de pruebas, a cual más difícil y con más mala leche, hasta que llega un momento en que, sin agotar su paciencia, pues si no ya no sería la infinita paciencia del santo Job, toma el arpa y canta, canta llorando: "Versa est in luctum cythara mea, et organum meum in vocem flentium. Parce mihi, domine: Nihil enim sunt dies mei". En el "flentium" puse cara de llorar, y cuando, hecho polvo ya, exclama: "Parce mihi, domine ["¡Perdóname, señor!"], junté las manos y miré al Cielo. Algunos me contemplaron sorprendidos, al parecer, pero Raúl sin duda me entendió.
Concluidos los motetes me entró tal paz, tal sensación de querer que me dejaran tranquila descansando... ¡Qué curioso! Igual tiene que ver con que nunca, nunca había estado tan profundamente concentrada en algo.

Me apenó despedirme de mis nuevos compañeros coralistas y de Raúl, que me felicitó por el entusiasmo con que vivo la música y por saber pronunciar a la perfección el siguiente trabalenguas [esto es broma, obviamente, añadido de la casa]: "El Cielo está enmallavibarrenado; ¿quién lo desenmallavibarrenará? El desenmallavibarrenador que lo desenmallavibarrene, buen desenmallavibarrenador será". Dicho, obviamente, a velocidad mallavibarriana assai.

3 comentarios:

  1. Qué bueno que el taller acabara así Rocío y qué bueno que nos lo compartas. Mira, te respondo por aquí a lo que me has dicho por Whatsapp ya que ando con otras ocupaciones... yo supe, desde el principio, que algo en tí debía haber que te impulsara al cambio. Eres una persona muy pura, muy limpia, muy sincera y, de verdad, ese algo estaba ahí oculto, como dormido, pero yo sabía que estaba... ¡y tú mismita lo has encontrado! ¡Por eso ahora, ahora que eres esa Rocío que yo quise ver siempre, ahora es cuando más quiero demostrarte que podemos compartirlo todo, incluso sin necesidad de vernos! ¡Si queremos, podemos! ¡Y no hagas caso a quienes te intenten impedir luchar por tus sueños, aun si se trata de gente muy cercana a tí! ¡Tú persevera, insiste, pelea y ya sabes que yo siempre voy a estar ahí a tu lado, sea como sea!

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  2. ¡Oh, muchísimas gracias por tu comprensión y tus ánimos! Parece ser que también ves más allá, que comprendes a las personas más allá de los signos externos.
    Compartirlo todo... Hm, hm, suena fuerte; no: por ahora compartamos nuestra amistad.
    Un abrazo, a ti y a todos los que me leen, que demuestran albergar una paciencia muy superior a la del tal Job. Parcete mihi, parcete mihi, parcete miji!!!

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  3. Aquí cantamos el Alma Redemptoris Mater en la Iglesia de santa Ana.
    https://dl.dropboxusercontent.com/u/4652648/13%20%20En%20iglesia.mp3

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