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lunes, 11 de julio de 2016

¿El mar bravío o la Mar bravía? Reflexiones talasoterapéuticas.

Éste amado, líquido y salado elemento no quiere verme triste. Ayer me llamó fuertemente a su seno. El mar, el que me habla, el que me pide que mantenga la calma, el que me insta a la serenidad cuando él no se aplica el cuento. Porque hoy había bandera amarilla, Y el oleaje era considerable.

-no, no te puedes bañar.
-¿Porqué?
A mi me enerva muchísimo… Ay, creo que ésa no es la palabra correcta. A mí me crispa sobremanera que alguien me diga simplemente "no puedes", aunque, por supuesto, existen infinidad de cosas que nunca me será posible realizar. Pero otras sí, y a veces nos ponemos nosotros mismos o quienes se erigen en nuestros tutores / protectores / amigos / colegas / familiares una barrera mental tan fuerte que resulta infranqueable. No×no=sí, por eso no tiene ningún efecto cuando las madres gritan a sus hijos: "! No hagas eso, deja eso, no, no, no, no, no, no!". Eso son seis noes que originan tres síes, de manera que el pequeño astuto se sale con la suya Y encima lo puede argumentar matemáticamente.
Bajé pues, me dirigí a mi querida Mar océana Y salté por encima de las olas, apresurándome A atravesar la zona de rompientes. Ahí dentro, cuando el agua te llega al cuello, el vaivén parece acunarte.
He estado más de media hora en comunión con el elemento acuático.
Ahora estoy en la silla, secándome, y anuncian que acaba de perderse una pequeña de cuatro años llamada Elisabeth. A lo mejor lo que le ocurre es que se ha encontrado a ella misma. A lo mejor le han dicho no por no y ella respondido que si.

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