(El reproductor de audio puede detenerse pulsando la tecla Escape o parándolo en el icono de abajo)

sábado, 11 de junio de 2016

Festival Bach de Leipzig 2016, día 1: ¡viviendo la música!


Justo después de desayunar nos encaminamos a la iglesia de san Nicolás o Nikolaikirche, donde Bach estrenara sus últimas cantatas. Había un pequeño busto del compositor que abracé. Pero lo mejor fue después; el plato fuerte, el emocionante: ¡la iglesia de santo Tomás! Sí, aquélla cuyos muros lo oyeron improvisar al órgano con más frecuencia; aquélla que lo albergó desde 1723 hasta 1750, durante tantas horas... Aqu´élla que lo vio dirigir a sus niños del coro de santo Tomás, esos críos cuyas posibilidades vocales no terminaban de convencer al Kantor. Antes se mudaba la voz a los 16 e incluso a los 18 años; no sé por qué tan tarde, igual dependía del tipo de alimentación; o cantaban mucho en falsete.
Bach dejó muy claramente establecido que, para que el coro sonase bien, tenía que haber sólo tres o a lo sumo cuatro cantantes por cuerda, así que la tradición romántica de emplear a coros de 80 miembros está totalmente fuera de lugar, aunque todos se llevaran las manos a la cabeza cuando directores de la talla de Harnoncourt o Schmidt-Gaden comenzaran a practicarlo.

La iglesia de santo Tomás fue fundada en 1212, 47 años después de la creación de la propia ciudad. El coro fue creado el mismo año, así que el pasado 2012 hizo 800 añitos: ¡y los niños no crecen, jejeje!

Como comenté en el artículo anterior, el puesto de director de coro o Kantor incluía muchas y extrañas obligaciones, como la prohibición de salir de la ciudad a no ser que hubiese autorización expresa de los superiores; la enseñanza de varias materias a los Thomaner -alumnos coralistas-, entre ellas el latín; su educación; la garantía de su higiene.... Bach vivía pared con pared con la escuela de santo Tomás -Thomasschule-, y no sé cómo se concentraba para trabajar con el bullicio de los niños, de sus propios hijos, etc. El bueno de Johann Sebastian alojaba también a estudiantes en su propia casa, que eran tratados como el resto de sus vástagos. Imagino también a la madrecita Anna Magdalena copiando febrilmente partituras; remendando calcetines y criando solícita y amorosamente a sus hijos. Veo igualmente a Carl Philipp Emmanuel jugando bajo las patas del cembalo. ¡Y ahí anda Wilhelm Friedemann! Llega borracho una noche más y Magdalena lo encubre para que no sufra Sebastian más de lo necesario, visto que hoy lo han tratado especialmente mal sus superiores: se obstinan siempre en conculcar sus derechos como músico y pisotean su dignidad como persona.

-Magdalena, te ruego: déjame solo. Quiero terminar esta cantata, que no me da tiempo: voy a tener que emplear algunas partes ya usadas, ¿recuerdas aquélla que compuse en Cötthen? Sí, ya sé, el texto no era religioso, pero... ¡Es demasiado trabajo, Magdalena! Pero, ¡te vas a dejar la vista ahí copiando: ya empieza a oscurecer! ¿Cómo está el pequeño, ha tocado hoy también el clave?

El pequeño es su hijo retrasado mental, a quien trata con una ternura indecible. Friedemann se ha retirado a su habitación por imperativo de Magdalena: no quiere cansar aún más a su marido.

-Amor mío, sé que ha sido hoy un día duro también para ti: pero tu idea de ir a Rusia.... ¿Qué se nos ha perdido allí? Una tierra pagana, con un idioma extraño; Y el futuro de nuestros hijos...

-No sé, Magdalena, no puedo pensar. Hoy mis Thomaner se negaron a cantar, y estaban tan asustados... Resulta que los había amenazado Krause: ¡no puede permitirse! ¿Dónde está mi autoridad como músico? Él es un envidioso: quiere ser el mandamás, el superir: ¡no lo soporto! Oh: estoy tan cansado, tan cansado...

-Sebastian, no te alteres. Venga, come algo. Y deja la cantata para mañana: ahora necesitas descansar.
-Lo sé, Magdalenita mía, pero... ¡No puedo!
-Mira, yo te ayudo mañana; y Philipp. El jovencito promete, promete.
-Bueno, Friedemann es mucho mejor como músico.
-¿Qué tienes con Friedemann? Te está demostrando a diario ser una mala persona.
-¡No, Magdalenita: no te metas con él! A propósito: ¿ por qué no está aquí? Me podría echar una mano con las copias.
-Querido, se encontraba algo cansado; anda en su habitación: no lo molestes.

Sebastian no sabía que Friedemann dormía su borrachera, que había hecho pasar una obra de su padre por propia, aunque nadie le diera crédito, y que se juntaba con compañías más que dudosas.
-¿Está durmiendo el pequeño?
-Sí, Gottfried duerme. Hoy también quiso tocar el clave: ¿por qué Dios no lo ha dotado de más intelecto?
-Porque Gottfried es afecto: afecto; cariño; amor. No necesita razonar. Es cándido, será siempre un niño: ¡siempre! ¿No es maravilloso? Pero, cuando yo muera, ¿quién se ocupará de él, Magdalenita mía?
-¡Oh, Sebastian! ¡Siempre tan negativo! Dios proveerá, Sus hermanos no lo dejarían en la estacada, y yo soy bastante más joven que tú, mi amor. Por ahora está seguro y protegido.
-Creo que yo también voy a acostarme.
-¿Sin cenar?
-No me apetece, mi ángel canoro. Buenas noches.
-Oh, sí, buenas noches, mas prométeme que vas a relajarte.
-Intentaré hacerlo. Me retiro a hablar un poco con Dios. Él me escuchará, porque siempre lo ha hecho. ¿Dónde has puesto la Biblia de Lutero?
-Ha de estar en la habitación, donde la dejaras esta mañana; pero no leas demasiado: necesitas reposar.
-Tienes razón. Hasta mañana, mi musa.
-Adiós, mi obstinado Bach.



¡Hala! Ahora que se han retirado, sigo con mi crónica:

Junto al monumento a Bach que hay en la entrada de la iglesia había un grupito de cinco personas que ensayaba para un concierto que tendría lugar aquella noche, a las ocho. Cantaron piezas corales muy conocidas del repertorio alemán y francés.

Cuando entramos al a iglesia, o primero que hice fue dirigirme al emplazamiento de su tumba y cantarle "Komm, süsser Tod" y "Bist du bei mir", en voz queda, porque estaba dirigiéndome sólo a él. A la salida ya entoné un poco más fuerte "Ich folge dir gleichfals", junto al monumento de nuevo.

El concierto inaugural del festival incluía la cantata 20 de Bach y el Requiem de Reger, pero o peimro fue el pasacalle o passacaglia y fuga en Do Menor, basado en un un tema de 15 notas que ejecuta el bajo. ¡Qué genialidad, qué riqueza en las variaciones! No sé cómo pueden coordinarse las dos manos y los dos pies tocando algo tan complejo: ¡admiro a los organistas!

La cantata 20, "O Ewigkeit, du Donnerwort ["Oh, Eternidad, palabra terrible"]", está basada en ese hermoso coral luterano. Yo hubiese esperado a niños Thmaner solistas, pero no: fue una contrato. ¿Por qué? ¡Me voy a quejar a Schwarz.

El Requiem de Reger comenzó de una forma extraña, sonaba a película de miedo. Uno se imaginaba ya al de Psicosis... Pero no: en lugar de eso se puso estridente, demasiado estruendoso, que parecía estar declarándole la guerra a Dios en ugar de supicarle por un alma fenecida. Al parecer, el compositor acababa de salir de la I Guerra Mundial y se ve que andaría traumatizado, pero yo sólo pensaba en el pobre Dios tapándose los oídos. No sé cómo no se vuelve loco, con todo el mundo pidiéndole cosas al mismo tiempo; por muy omnipotente y ubicuo que sea.

El Dies Irae y algún otro número estaban basados en himnos gregorianos, por lo que tenía un cierto tufillo a Carmina Burana. Reger no concluyó la obra, le daría fin con otro hermoso coral: "Es ist genug ["Es suficiente"]". Este coral lo empleó también Berg en el concierto para violín que dedicara a la memoria de un Ágel. El ángel se llamaba Manon, jovencita que murió prematuramente, hija de unos amigos suyos: Alma Mahler y Walter Gropius.

Leipzig es una ciudad preciosa, con música por doquier, calles amplísimas y muy buena comida. No voy a querer regrear. POr ahora sigo disfrutando de mi Bach, a ver si me compro pronto una escultura que poner en casa. He adquirido por ahora una gorra y una pequeña figurita, mi tótem. La puedo llevar en el bolso y sacarla en cuanto lo quiera invocar: eso me dará fuerza. ¡Bach, creo en ti!

El concierto de hoy se titulaba "secretos de la armonía", y es que mi amado Johann Sebastian trató con tantísima maestría las reglas armónicas y contraputísticas...

Os dejo por ahora, siguen las crónicas en próximos artículos. Tengo que dormir para estar fresca mañana, que voy a Halle a buscar a Händel.

2 comentarios:

  1. ¡Qué gusto da que estés viviendo lo que más te gusta en uno de sus lugares más importantes! ¡De verdad Rocío, una vez más te admiro, por ser ya tú misma y vivir como siempre lo habías querido hacer! ¡Sigue así!

    ResponderEliminar
  2. Fui en 2000 cuándo acababan de construir el Bachorgel y el memento que lamento no haber comprado era un diapasón con A=466. Creo que era especial para recaudar para el órgano y no se vende hoy.

    ResponderEliminar