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viernes, 17 de junio de 2016

Última entrega del disuacidio




Ramón Sampedro era hombre de mar. A los veinticinco años, este luego tristemente famoso gallego cometió una imprudencia arrojándose al agua desde una roca y quedó tetrapléjico.

Ramón, persona inteligente y de ideas claras, detestaba la perspectiva de no poder moverse nunca. Él no tuvo el espíritu de Stephen Hawking, colega en parálisis. Su deseo era morir, pero la legislación no lo apoyaba. Se convirtió en adalid de la causa de la eutanasia; sin éxito, por supuesto. Al final logró que una amiga suya, Ramona, lo llevara a su casa y ella misma le administró el veneno (una dosis letal de cianuro: ¡pobreeeeeeee! ¡Cuánto hubo de sufrir, no quiero imaginarlo!).

A modo de protesta y de reivindicación, Ramón grabó los momentos de la ingesta vídeo que daría la vuelta al mundo y que no será reproducido aquí por razones obvias: ¡podría herir la sensibilidad de mis lectores! Lo siento, querido marinero anti - vida.



Dependiendo de la persona, por tanto, la existencia puede resultar maravillosa o infernal. Pero: ¿nos corresponde a nosotros decidir cómo y cuándo debemos morir? ¿Por qué tanta prisa? ¿Cuánto tiempo vamos a tirarnos vivos? ¡Una minusculez comparado con los eventos del universo! ¿Por qué no esperamos y dejamos a la Naturaleza que siga su curso? ¡Ya nos iremos! ¿Qué más da?
El suicidio tiene que doler, a no ser que se haga con anestesia. Además supone un inútil y tremendísimo gasto de energía [Guiño]: ¿cierto, Prof. Hawking?

Pero: ¿nos pertenece el derecho de privar a los seres queridos de nuestra presencia? No: claro que no hemos de rendir cuentas a nadie de nuestra propia vida salvo a nosotros mismos, mas... ¿Somos tan indignos de nosotros como para autoinmolarnos? No, indefectiblemente no.
Las depresiones pueden curarse; deben curarse con el tratamiento y la atención adecuados.

Suicidas del mundo: si se os viene a la cabeza quitaros la vida pero buscáis una ayuda en vuestro inconsciente que os disuada, comunicaos anónimamente -si así lo deseáis- mediante comentarios y proporcionadme una vía de contacto. Desde aquí os juro que os ayudaré.

El curso próximo me propongo colaborar con una asociación de paralíticos cerebrales planteándoles algún tipo de terapia a través de la música y con el teléfono de la esperanza.

¡No os rindáis, millones de criaturas!

John Jenkins: Pavan for two bass viols.

1 comentario:

  1. ¡Claro que sí, hay que luchar siempre para defender lo más preciado que tenemos, la vida!

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